¿Qué hacían 60 catalanes en la Budapest de 1686?

La defendían de la invasión turca. Y parece que al emperador Leopoldo le impresionaron.

Siege_of_Buda_1686_Frans_Geffels

“Ni menos se nos hace sensible el deber de pasar en silencio el nombre de cincuenta a sesenta catalanes voluntarios, la mayor parte gente humilde, siendo de diferentes oficios mecánicos, pero generosos en la intención, y fervorosos en los intereses de nuestra sagrada religión: dignos a la verdad de la más justificada alabanza, pues que, saliendo del rumbo ordinario de su profesión, vinieron a tan remoto clima a ofrecer sus vidas por la fe. (…) Quede como, pues memoria en esta admirable narración esta acción, que aunque la individualidad no singularice el nombre de estos devotos y valerosos españoles, no por eso deja de vocear sus hechos la fama, ya que hicieron la peregrina hazaña de venir de tan lejos y ejecutar lo que era tan distante de su profesión” (Historia del Emperador Leopoldo, tomo III, folio 304, citado por Narciso Feliu de la Peña en sus Anales).

Ya lo ven: los humildes voluntarios catalanes eran “devotos y valerosos españoles”. Catalanes y españoles. Sin problemas. No es incompatible. Es lo de toda la vida. Es lo normal.

bastoncillo



Categories: Uncategorized

3 comentarios

  1. Es ironía: La noticia tiene que estar mal. Lo que dice el emperador Leopoldo en su crónica es una falsedad. ¿Cómo va a ser posible que haya emigrantes catalanes a finales del siglo XVII en la actual Austria y además a hacer de mercenarios? Imposible. Porque Cataluña, como ha demostrado el Instituto de Nova Historia Ficción y de los Grandes Expresos Europeos, fue rica incluso cuando eran los cromañones (catalanes, por supuesto) los que vivían en Barcelona, por ejemplo. ¡Y encima que los llamaran españoles! Es que en la corte de Leopoldo no sabían nada de nada de geografía, ni de política ni de historia. Además contaban con una legión de censores castellanos; lo que ocurre es que se les pasó eso de los 60 catalanes, que si no hubieran sido 60 asturianos o cosa así. Lo que sigue sin quedar claro es si los catalanes auténticos (o sea los independentistas), descienden de la pata derecha de Carlomagno, son francos, germanos, arios, o fenicios (por tanto tan semitas como los árabes) como dogmatiza Cucurull. Y es algo que a la gente le pone de los nervios.

    Que lástima que la Unidad de Biología Evolutiva de la Universitat Pompeu Fabra (que hasta donde llegan mis noticias está en Barcelona) haya realizado una investigación del ADN de la población española, contando con la fruslería de 300.000 marcadores genéticos para cada persona analizada. Publicado en Human Genetics. Pues resulta que castellanos y catalanes no se pueden diferenciar por el ADN. Y tampoco con los andaluces, cántabros, asturianos, navarros etc. Tampoco los vascos tienen un ADN tan diferente del resto, aunque si algo. O todos descendemos de la pata de Carlomagno, o todos arios, o todos semitas. Resulta además paradójico pero los que tienen el ADN más diferenciado del resto son ¡los extremeños!, seguidos, ¡lo que son las cosas! por los valencianos; los vascos los terceros. En todos los casos son rasgos diferenciales ínfimos, que no permiten establecer categorías. Conclusión: que si no sabemos nombre y apellidos del individuo y lugar de nacimiento suyo y de sus padres, no hay manera de saber por el ADN donde nació, si en La Coruña o en Lérida. Estudio firmado por los investigadores Hafid Laayouni, Francesc Calafell y el catedrático Jordi Bertranpetit. Y luego el Cucurull que siga con sus gilipolleces (que siguiendo a Forest Gump, es la actividad propia de los gilipollas).

  2. Pues menos mal que según Cucurull solamente somos “mercaderes”…

Deja un comentario