«Hemos creado Cataluña, ahora tenemos que crear a los catalanes»

Una perífrasi per entendre que el nacionalisme és artificial i va de dalt a baix.

Fa uns anys vam comentar les reflexions del professor William T. Cavanaugh sobre el nacionalisme i el seu funcionament com una religió:

«El nacionalismo se viene considerando una y otra vez como religión desde el clásico ‘Nacionalismo: una religión’, publicado en 1960 por Carlton Hayes, hasta los trabajos más recientes de Peter van der Veer, Talal Asad, Carolyn Marvin y otros. (…) El sentimiento de lealtad nacional excluyente sustituye a las difusas lealtades previas debidas a la región, el grupo étnico, la clase y la iglesia. Según Carlton Hayes, esta exclusividad es la que separa al nacionalismo de los otros tipos de lealtades previos. (…) El nacionalismo se clasifica como religión debido a su exclusividad. A causa de esa exclusividad -de su celo- la nación se convierte no en un simple sustituto de la iglesia, sino en sustituto de Dios».

Es a dir: reducir nuestra identidad cristiana, europea, española y catalana únicamente a la dimensión catalana es muy empobrecedor, y predicar la devoción a lanació por parte de los capellazis no es una buena idea.

Ahora Cavanaugh publica nuevo libro, Migraciones de lo sagrado, donde también encontramos perlas sobre el nacionalismo:

«El estado precede a la idea de nación y la crea, promoviendo la imaginación de un espacio unitario y de una historia común. (…) Desde Kohn a Hayes, los estudiosos del nacionalismo han acentuado que la ‘nación’, como la sociedad, no es una realidad natural o ‘anterior ontológicamente’, sino una realidad inventada por el estado. E.J. Hobsbawm lo expresa del siguiente modo: ‘Las naciones no crean los estados y los nacionalismos, sino que es justamente al revés’. La mayoría de los estudiosos están de acuerdo en que las naciones solo son posibles una vez que se han inventado los estados, y que las naciones, incluso aquellas que parecen ‘antiguas’, son un producto de los 2 últimos siglos. Hasta el siglo XIX, a los estados les faltaba la cohesión interna necesaria para ser naciones. (…)

El patriota italiano Massimo d’Azeglio lo expresaba de esta manera: ‘Hemos creado Italia, ahora tenemos que crear a los italianos’«.

Las cosas claras: el concepto «nación» es moderno, ideológico y del siglo XIX. Las «naciones» modernas se crean desde las estructuras políticas elitistas, de arriba abajo; por eso el nacionalismo catalán lleva 40 años usando la Generalitat para «ferpaís» y convertirnos a todos en buenos nacionalistas lazis. Y lo mismo sucede con los ideólogos que van desfilando por la Moncloa, obsesionados con moldearnos según sus ideologías para que a España «no la conozca ni la madre que la parió», com diria n’Alfons Guerra.

No ho oblidem.

Dolça i artificial Catalunya…

 



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2 comentarios

  1. Tiene sentido.

    Normalmente los Estados son entidades muy grandes. Y algunos, como Francia, demasiado nuevos (nace exactamente con la Revolución Francesa)

    Es normal que las elites que se apoderan del poder y del dinero del Estado en nombre de la nación intenten consolidar su dominio con una doctrina o manipulación.

    ?Y cómo lo hacen?

    Falsificando la Historia en su beneficio y enseñándola en los colegios a los niños (lavado de cerebro)

    Ahora, si «hemos creado Italia y ahora hay que crear a los italianos», entonces todo era una mentira; una falsificación.

    Y si hay que crear italianos, ?qué hay de malo con lo que había antes?

    Esto huele a una fechoría de los déspotas ilustrados de las logias consagrada por el rousseaunismo de «fabricar el hombre nuevo» asesinando al «viejo» que, como siempre, solo causa destrucción y muerte.

    Por el camino se pierden los idiomas italianos a cambio de un idioma artificial (el toscano literario) y de un plumazo convirtiendo en paletos a todos los que no lo hablan, lo hablan mal o lo hablan con acento.

    Y la destrucción de la economía del Sur de Italia y Sicilia hasta hoy, que de orgullosos reinos florecientes se convierten en colonias comerciales del norte; suministradora de mano de obra barata («terroni») y mercado cautivo colonial.

    Tal vez entonces muchos veían la ventaja.

    Hoy no.

    Ni siquiera los de la Liga Norte.

  2. Muy interesante la reflexión sobre el nacionalismo como religión, algo que viene de lejos y que los más actuales pensadores, como dice el artículo, van confirmando.

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