Cosas que no salen en RAC1000 Colines.

Estos días recordamos los 90 años del estallido de la Guerra Civil. Y como hay cosas que ningú no ens explica -i fins i tot està prohibit recordar-, ens ve de gust fer-ho.
Hoy estudiaremos la posición de la Iglesia.
El català n‘Isidre Gomà era cardenal de Toledo i primat d’Espanya. L’esclatament de la guerra el va agafar a Tarazona, passà a Navarra i després a Roma, on va lluitar contra les insídies dels separatistes bascos. Él fue quien arbitró y escribió la Carta Colectiva del Episcopado Español a los Obispos del Mundo. La Carta la van firmar tots els bisbes espanyols, menos Vidal y Barraquer (Tarragona), que la encontró «admirable en fondo y forma» («deseo vivamente que triunfe Franco»).
Així diu la Carta Colectiva dels bisbes espanyols, publicada l’1 de juliol del 1937:
«La Iglesia no ha querido esta guerra ni la buscó. (…) Se la vejó y persiguió antes de que estallara; ha sido víctima principal de la furia de una de las partes contendientes (…)
Fueron los legisladores de 1931 y luego el poder ejecutivo del Estado con sus prácticas de gobierno, lo que se empeñaron en torcer bruscamente la ruta de nuestra historia en un sentido totalmente contrario a la naturaleza y exigencias del espíritu nacional, y especialmente opuesto al sentido religioso predominante en el país. La Constitución y las leyes laicas que desarrollaron su espíritu fueron un ataque violento y continuado a la conciencia nacional. (…)
Los incendios de los templos en Madrid y provincias, en Mayo de 1931, las revueltas de Octubre de 1934, especialmente en Cataluña y Asturias, donde reinó la anarquía durante dos semanas; le período turbulento que corre en Febrero a Julio de 1936, durante el cual fueron destruidas o profanadas 411 iglesias y se cometieron cerca de 3.000 atentados graves de carácter político y social, presagiaban la ruina total de la autoridad pública (…)
Nuestro régimen político de libertad democrática se despeñó, por la arbitrariedad de la autoridad del Estado y por coacción gubernamental, que trastocó la voluntad popular, constituyendo una máquina pública en pugna con la mayoría de la nación, dándose el caso, en la últimas elecciones parlamentarias, febrero de 1936, que con más de medio millón de votos de exceso sobre las izquierdas, obtuviesen las derechas 118 diputados menos que el Frente Popular, por haberse anulado caprichosamente las actas de provincias enteras, viciándose así en su origen la legitimidad del Parlamento. (…)
en el minucioso proyecto de la revolución marxista que se gestaba, y que habría estallado en todo el país, si en gran parte de él no lo hubiese impedido el movimiento cívico-militar, estaba ordenado el exterminio del clero católico, como el de los derechistas calificados, como la sovietización de las industrias y la implantación del comunismo. Era por enero último cuando un dirigente anarquista decía al mundo por radio: «Hay que decir las cosas tal y como son, y la verdad no es otra que la de que los militares se nos adelantaron para evitar que llegáramos a desencadenar la revolución». (…)
no le quedaba a España mas que esta alternativa: o sucumbir en la embestida definitiva del comunismo destructor, ya planeada y decretada, como ha ocurrido en la regiones donde no triunfó el movimiento nacional, o intentar, es esfuerzo titánico de resistencia, librarse del terrible enemigo y salvar los principio fundamentales de su vida social y de sus características nacionales. (…)
En el famoso monasterio románico de Ripoll se han destruido los sepulcros, entre los que había el de Wifredo el Velloso, conquistador de Cataluña, y el del Obispo Morgades, restaurador del célebre cenobio. En Vich se ha profanado la tumba del gran Balmes y leemos que se ha jugado al fútbol con el cráneo del gran Obispo Torras y Bages. (…) Hasta el Arco de Bará, en Tarragona, obra romana que había visto veinte siglos, llevó la dinamita su acción destructora. (…)
el delegado de los rojos españoles enviado al Congreso de los «sin-Dios», en Moscú, pudo decir: ‘España ha superado en mucho la obra de los Soviets, por cuanto la Iglesia en España ha sido completamente aniquilada’. (…) Contamos los mártires por millares«.
La carta redactada pel cardenal català la van signar 47 bisbes i vicaris, els que quedaven amb vida. Entre ells els de Solsona, Urgell, Tortosa, Vich i Girona.
Tots fatxes.
Dolça i violada Espanya…

Categories: Historia
Pienso que sería interesante un libro que listara a todos los españoles de notoriedad que en aquel trance de la guerra civil apoyaron el Alzamiento Nacional, por ejemplo la famosa actriz Conchita Montes que hizo labores de espionaje a favor del bando nacional, y también por ejemplo el obispo Vidal y Barraquer que dejó por escrito que deseaba la pronta victoria de General Francisco Franco.