«El nacionalisme és la guerra»

A ver si nos enteramos.

Con ocasión de la guerra de Ucrania hemos recordado las locuras de nuestro nacionalismo catalán, que quiso montarnos un Maidán, traernos 10.000 soldados rusos y provocar una guerra civil entre catalanes.

I en Pau Guix ha tornat a escriure. Diu que prepara un llibre -ja ho esperem, Pau-, però de moment ens explica des d’El Catalán com el nacionalisme segueix destruint la pau, aquesta vegada a l’est d’Europa:

«Los horrores de la guerra han vuelto a Europa. Una vez más. La gravísima e inhumana invasión de Ucrania ordenada por Putin nos hace recordar dos cosas: uno, que en una guerra no hay vencedores ni vencidos sino víctimas del odio y la sinrazón; y dos, que los nacionalismos representan, son el mal, en términos absolutos.

Putin, el dirigente que sueña con recuperar la gran Rusia zarista o soviética (tanto da), ha sucumbido, de nuevo, como cualquier otro nacionalista, a la seducción de la frontera. Y esta seducción va en dos sentidos. El primero, en querer establecer una frontera, algo que Rusia ya tiene pero que considera insuficiente; y el segundo, en la pulsión imperialista de todo nacionalismo, una vez consolidada dicha frontera, de querer ampliarla con la anexión forzosa de los territorios soberanos colindantes esgrimiendo cualquier mentira o manipulación para justificar los consiguientes actos de invasión y barbarie, se llamen esos territorio Crimea, Ucrania o la ensoñación de los Països Catalans.

François Mitterrand vivió los horrores de la guerra (…) explicó, desde sus propias vivencias (…) los horrores que trajeron los nacionalismos en forma de cruentas guerras (…):

“(…) Debemos transmitir, no este odio, sino por el contrario, la oportunidad de reconciliaciones (…)”.

Y esto es lo que hicieron esos dolientes dirigentes, rehuyendo los horrores de la guerra, mediante la construcción de la Unión Europea (…)

“(…) Lo que aquí les pido es casi imposible porque debemos superar nuestra historia y, sin embargo, si no la superamos, debemos saber que se impondrá una regla, señoras y señores: ¡El nacionalismo es la guerra!”.

En efecto, el nacionalismo ha sido, es y será siempre la guerra. (…) Europa y el mundo occidental han despertado de golpe con los horrores de la guerra, con la violencia, nuevamente, de los nacionalismos, con la reptiliana seducción de la frontera.

Antonio Robles proponía una interesante pregunta-reflexión en un reciente artículo de Libertad Digital: “Putin invade Ucrania. ¿Con este tipejo quería Puigdemont desestabilizar España y lograr la independencia de Cataluña?”. Efectivamente, los lazos del procés con el sátrapa ruso y sus injerencias en la estabilidad y gobernabilidad de una nación soberana como España han quedado más que patentes a lo largo de estos años (los detenidos en la operación Voloh en 2020 afirmaron que Rusia ofreció a Puigdemont 10.000 soldados, pagar la deuda catalana, garantizar la estabilidad financiera de Cataluña y mantener a los políticos fugados con criptomonedas o hacer de Cataluña un país como Suiza); pero también quedó patente con la abstención del golpista fugado Puigdemont en la votación del pasado 1 de marzo en el Parlamento Europeo sobre el envío de ayuda financiera de la UE a Ucrania. Josep Borrell, el alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea, fue rotundo al comparar al presidente Zelenski con Puigdemont (…): “Gracias a Dios, Zelenski no es el tipo de líder que se escapa escondido [en el maletero] del coche”.

El conjunto de los españoles debe saber que IU, Bildu y Anticapitalistas no apoyaron en el pleno del Parlamento Europeo la resolución para conceder a Ucrania el estatus de candidato a la UE (…) En relación con el drama ucraniano, la bajeza moral de muchos de estos partidos ha quedado retratada ─una vez más─ durante el pleno del Congreso del pasado 2 de marzo en el que el Pedro Sánchez dio cuenta de la posición española en el conflicto de Ucrania.

(…) Ellos, los filoterroristas, los herederos políticos de ETA, los que defienden y excarcelan (mediante acuerdos con Sánchez) a aquellos que no sólo violaban sino que silenciaban para siempre la libertad de expresión arrebatando las vidas de sus opositores, los que usaban las armas para sus abyectos fines nacionalistas, los miserables del tiro en la nuca, los cobardes de las bombas en los centros comerciales y casas cuarteles de la Guardia Civil. (…)

Y tampoco podemos olvidarnos, pocos días antes, de la cumbre al más bajo nivel que se produjo entre ERC y EH Bildu, en la que comparecieron juntos Junqueras y Otegui, para decir que “somos la vanguardia de la defensa contra el fascismo”, ¡ellos, un golpista y un terrorista! ─hay que recordar que en España se juzga a la gente por lo que hace, no por lo que piensa, y eso es lo que ambos sujetos han perpetrado en sus vidas─ y para comparar a España con la Rusia de Putin invasora de Ucrania, en una continua e incesante demostración de la bajeza moral más absoluta. Repulsivo.

(…) Quim Calatayud, diputado de Junts (la extinta CiU) en el Parlamento regional catalán, tuvo sus 15 minutos de infamia, con una intervención el 24 de febrero en donde comparó la masacre que sufre Ucrania con la consulta ilegal del 1 de octubre: “Con violencia seguramente no arreglarán nada en Ucrania como tampoco con violencia arreglaron nada aquí el 1 de octubre en nuestra tierra”. Nótese la apropiación excluyente del territorio por su parte, “nuestra tierra”, que excluye a quienes no sigan sus dictados (…)

En España, son más que evidentes los pactos públicos (y claramente deducibles los privados) entre los nacionalismos y el presidente Sánchez, pactos con los que trata de asegurase su permanencia en Moncloa y su supervivencia política, sin querer reconocer que los nacionalismos están colaborando con su gobierno, pero no en aras del bien común sino para desintegrar desde dentro lo que queda de nuestra fragmentada y enconadamente enfrentada nación, sin importarle ni un ápice el resto de los españoles que no sean él. (…)

Parafraseando a Mitterrand, como sociedad debemos eliminar el odio que supura el nacionalismo al mismo tiempo que debemos transmitir la oportunidad de concebir un futuro mejor basado en la reconciliación y la paz (…) Por ello, cualquier gobierno democrático que rija los destinos de España y de los españoles debe comprender que hay que acabar con el nacionalismo, de manera urgente, antes de que el nacionalismo destruya nuestro país, nuestro bienestar y nuestra sociedad. (…)

Debemos erradicar las semillas del odio colectivo antes de que sus brotes sean la guerra, el odio, el hambre y la muerte. Debemos erradicar los nacionalismos de España y del conjunto de Europa antes de que nos vuelvan a destruir y nos condenen a repetir ese pasado aciago y tenebroso que no debe volver jamás.

Como afirmó Mitterrand, de forma diáfana, está en nuestras manos que ello no acontezca, y por ende el conjunto de los ciudadanos debemos ser celosos garantes de un futuro próspero en la paz y la fraternidad, un futuro libre de nacionalismos y de las guerras y los horrores que estos provocan».

Superem el nacionalisme abans no passi a Catalunya els horrors que veiem a Ucraïna.

Dolça i odiadora Catalunya…



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2 comentarios

  1. Parece que la historia se repite, los nacionalismos y esa izquierda extrema que es el verdadero fascismo, con el Imperio comunista sin importarles el drama que causa, en esta ocasión masacrar a todo un pueblo parece legítimo.

  2. Los sátrapas rusos ya mal metieron en el 36 en España, se quedaron con el oro del Banco de España, fomentaron las chekas de inspiración comunista y así siguen.

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