“God is with me”: así murió el último catalán mártir bajo Companys, que mañana beatifican

John Roig Diggle tenia 19 anys i no tenia por.

Por ahora son 1.915 hombres, mujeres y adolescentes los beatos y santos que fueron asesinados España entre 1931-1939, muchos de ellos después de salvajes torturas, solo porque eran cristianos. Dicen los entendidos que fue la mayor persecución religiosa de la historia tras la de Diocleciano, incluso superior a la de la majísima revolución francesa.

Què va passar? Fem una miqueta de memòria històrica, només de just abans de començar la guerra. Sembla que als ideòlegs de l’època no els agradava que la gent cregués en Déu: en els 2 mesos que van entre el l’arribada al poder del Front Popular (16 de febrer) y el 16 d’abril del 1936 ya fueron asaltadas 36 iglesias y calcinadas 106. Azaña dijo que era “una tontería” sin importancia. Total, que llegó la guerra.

En la Cataluña de Santcompanys fueron destruidos unos 7.000 edificios religiosos; algunos (Montserrat, catedral de Barcelona) se salvaron por la intervención de la Generalitat, que las cerró totalmente al público y quitaron las imágenes y campanas. A casa nostra van matar 4 bisbes: Irurita, Huix, Borràs i Polanco. En Lérida asesinaron al 66% del clero (270 de 410), en Tortosa al 62% (316 de 510), en Vich al 27% (177 de 652), en Barcelona al 22% (279 de 1.251), en Gerona al 21% (194 de 935), en Urgel al 20% (109 de 540), en Solsona al 13% (60 de 445). De los 5.147 sacerdotes seculares de las 8 diócesis catalanas fueron asesinados 1.536, el 30%. Y otros miles de civiles igual, por las mismas razones. Un genocidi.

Mañana sube a los altares el mártir nº1.916: John Roig Diggle, un noi de 19 anys fill de pare català i mare anglesa. Su madre le llamaba John, sus amigos Joan y en el registro figuraba como Juan. En su casa se rezaba el rosario, una decena en inglés, otra en catalán, otra en español, y las letanías en latín, i no passava res. Por cierto, que solía decir a sus amigos nacionalistas: “Si soc català es perquè abans soc espanyol”.

Su padre, Ramón trabajaba en una mercería de la barcelonesa calle del Carmen; allí conoció a su clienta Maud Diggle, hija de aristócratas ingleses católicos. Se casaron en la Concepción de la calle Aragón y tuvieron 3 hijos.

Un día, camino del colegio, John le dijo a su madre: “Cuando sea mayor quiero ser misionero entre los salvajes para llevarles a Jesús”. Su deseo se cumpliría con creces.

En Joan anava a missa cada dia, els diumenges visitava malalts i per la tarda feia catequesi als necessitats. Por un revés económico la familia se traslada a Masnou y Juan se pone a trabajar en Barcelona, mientras de noche estudia bachillerato. Enseguida se une al grupo local de la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña (FJCC). Su ilusión es ser sacerdote, y su estampa favorita es la de 2 mártires de Asturias de 1934.

A John no li feia por que el matessin per la seva fe. Venía de família catòlica d’Anglaterra, donde el catolicismo estuvo perseguido por ley durante 3 siglos, y sabía que la sangre de mártires no era en vano. Al empezar la persecución en Cataluña escribió: “Quién sabe si entre nosotros habrá algún mártir, pero adelante. Nosotros queremos una Cataluña roja, pero no roja del odio del comunismo, sino roja de la sangre, muy roja, de la sangre de nuestros mártires.

Cuando el 21 de julio de 1936 los amigos de Companys queman la iglesia parroquial de Masnou, Juan acude para salvar lo que pueda. Cada día aparecen cadáveres en las cunetas. Els frontpopulars cremen també el local de la FJCC y Juan le dice a su amigo Guardiola que “Ahora más que nunca hemos de luchar por Cristo”. Desde entonces, aunque sabía que estaba en las listas de objetivos, intensificó sus visitas a las víctimas en hospitales y morgues, llevándoles en secreto el viático que le confió el padre Llumá.

Su madre cuenta la última noche de John:

“Llegó muy cansado, tras el día de trabajo. Se dejó caer en el sofá. Nunca le había visto tan fatigado. Probablemente había pasado la noche anterior en vela ante el Santísimo que se le había confiado. (…) Mientras rezábamos el Rosario se durmió varias veces vencido por la fatiga (…)

Al oír acercarse ruido de autos, un sobresalto de temor se apoderó de mí. Presentí que venían por nosotros. Me levanté rápida y corrí al dormitorio de mi hijo. Él ya estaba en pie, pues había escuchado también el ruido. Le dije: John, ya están aquí. ¿Qué hacemos? Y me contestó: ¿Te parece bien que procure escapar? Yo le dije: No lo sé; pues nos gritaban desde la calle que era imposible escapar, ya que tenían la casa tomada por los cuatro costados y vigilaban por todas partes con reflectores.

Viendo John cómo estaban las cosas, dijo: ¡Voy a comulgar!, y ante mí se administró la última comunión. El Buen Jesús lo quería acompañar en el viaje que iba a emprender hacia la eternidad con Él. Mientras (…) gritaban desde la calle, cansados de esperar: “Si no abrís, será peor para vosotros”. Hacían retumbar las puertas a golpes de culata. Entonces John, renovado su espíritu por una fuerza divina -la fortaleza de Jesús-, me dijo: ¡Déjamelos a mí! -No, John- le contesté – yo iré contigo. Bajamos juntos la escalera y, después de hacerles desde dentro unas preguntas para averiguar si eran policías o asesinos, nos repitieron: Si no abrís, será peor para vosotros.

Todo estaba perdido, y abrimos. Entran en casa pistola en mano y a él se lo llevan al dormitorio; obligándolo a sentarse sobre su cama con las manos arriba. Comienzan su obra de saqueo, dirigiéndonos insultos a él y a mí… Nuestras miradas se cruzan y atraviesan nuestros corazones. Nos entendemos en nuestro mutuo martirio. De repente dicen: ¡Vamos! Yo les digo: ¡No os lo llevéis! ¿Qué mal os ha hecho? Lo estrecho fuertemente entre mis brazos y no lo dejo ir, pero es inútil, ellos son más fuertes. Mis ojos de madre se vuelven hacia el jefe del grupo y, con los brazos abiertos y el corazón pleno de dolor, le digo: Si tienes madre, ten compasión de mí. Pero no me escucha. Ante mi martirio, los otros vacilan, quizás piensan en sus madres, y permanecen inmóviles. El jefe, impaciente, les dice: ¡Qué hacéis! ¿Sois hombres o no? ¡Cogedlo, y andando!

Abrazo a mi John y le estrecho contra mi corazón. Él, con voz muy dulce me dirige en mi lengua estas palabras de gracia: “¡God is with me!””.

Joan amb els seus pares

Els milicians de la Generalitat van a buscar el pare d’en John, amagat en un pis de Barcelona, per afusellar-lo amb son fill, però no el troben pas. A las 5 de la mañana se llevan a Juan al cementerio de Santa Coloma. De camino, Juan no deja de gritar por la ventana “¡Viva Cristo Rey!” y de hablar de Jesús a sus captores. Era la matinada del 12 de setembre de 1936.

Llegados al cementerio empiezan a asesinar a jóvenes cristianos secuestrados durante la noche. Los asesinos están a punto de dejar marchar a Juan, impresionados por su comportamiento, pero una mujer les incita a terminar su obra. “Que Déu us perdoni com jo us perdono”, va dir en Joan. Recibió 5 tiros en el corazón y fue rematado con otro en la nuca.

Uno de sus verdugos, de las Juventudes Libertarias de Badalona, se lo cuenta a un policía que se interesa por el joven de 19 años: “¡Ah sí! Aquel chico rubio, era un valiente, murió predicando. Murió diciendo que nos perdonaba, y que pedía a Dios que también nos perdonará. Casi nos conmovió“.

Su padre, Ramón Roig, estuvo escondido durante más de 2 años huyendo de la paradisíaca Cataluña de Santcompanys. Se enteró del asesinato de su hijo solo, en su escondite. Su hija Lourdes recuerda que “al volver con su familia mostraba deseo de hacerse lo más digno posible del hijo que el Señor le había concedido”. Cuando 2 años después fue operado a vida o muerte, al despertar repetía a los médicos: “Tengo un hijo en el Cielo que se llama John”.

Pues sí, mañana la Iglesia lo proclama beato. Es el nº1.916 de los mártires de España 1934-1939. La Gene no se acuerda jamás de él ni de los más de 8.000 catalanes que fueron asesinados como él. Eso sí: cada año pucheritos ante la tumba de Santcompanys, el genocida de todos ellos.

Haznos como tú, John.

Dolça i martiritzada Catalunya…

 



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8 comentarios

  1. Si Companys se confesó, monaguilló y comulgó antes de ser ajusticiado, ¿adónde fue derechito? ¿No saldrían corriendo de allí todos los que mandó él antes para ese mismo sitio?

  2. Lo más indignante es ver como el “poble catala” venera y rinde culto a un “genocida” como Companys…y lo más desconcertante es que algunos de estos “devotos” se proclamen católicos practicantes…

  3. “Porque la luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no la comprende”

  4. Desgarradora información.
    No por sabida, ésta y otras muchas más muertes, por republicanos y companys, cuando las memorizas o escuchas, se te pone la piel de gallina. Escuchando la matanza de seminaristas en Barbastro, al sacerdote guía, en el mismo seminario que estaban estudiando, me tuve que salir. Mis ojos se llenaron de lágrimas ALGUNOS SOLO TENIAN 17 AÑOS y hasta intentaron antes de asesinarles violarlos.
    No puedes entender hasta dónde puede llegar la crueldad humana. No puedes encontrarla sentido. Que una persona, porque tiene distintas formas de pensar que tú la asesines ¿ qué tipo de crueldad es?
    … y ahora, a muchos de estos asesinos, tienen calles con su nombre en las ciudades de Catalunya, y les dan reiterados homenajes. Quizá porque solo oficialmente consta que asesinaron en las checas en Barcelona a más de 8500 catalanes, los datos reales, es que murieron más de 20000, y otros tantos del castillo de Montjuic (Mi padre prisionero, pudo escarparse tres días antes de que le comunicaran su asesinato en una embarcación hasta Francia)
    Yo, le vi llorar muchas veces a mi padre, era cuando le hicieron prisionero en la Sierra de la Grana, de la llamada quinta del biberón.

  5. Muy triste final para él y todos los que murieron defendiendo su fe. Si no fuera por Dolça Catalunya no tendría conocimiento de todo este mal y este engaño perpetrado por los que siempre se han hecho las víctimas. Gracias por aportar luz a tanta oscuridad.

  6. En las peliculas progres sobre la Guerra Civil, no se tratan estos hechos. Todo se basa en la idealizada República. Memoria democrática con alzeimer.
    Otra cosa:
    NO A LA DISCRIMINACIÓN DEL IDIOMA ESPAÑOL!!!!!.

  7. John, you died as a witness of God and as a whole Man.

    Blessed John, pray for all of us in these troubled times.

  8. La ley de Defensa de la República (10 octubre de 1931) y la posterior de Orden Público de 1933, que la mejoraría, sirvieron a la suplantación o vaciado de facto de una Constitución, la de diciembre de 1931, (ver disposición transitoria Segunda de dicha Constitución), tal como hacen ahora los mismos que gobiernan en este país a base de decretos, normas o disposiciones para atentar contra las libertades y derechos fundamentales de los ciudadanos; todo lo cual tutelaba aquella, en teoría, como hasta hace nada creemos que venía haciendo la de 1978.

    Lean sobre eso y saquen sus propias conclusiones.

    Dolsa y suplantada España.

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