Lliçó de veritat sense anestèsia als polítics que corrompen la nostra vida junts.

Hi eren tots: President del Govern, diputats, senadors, presidents de TC y del Suprem. Els qui manen a Espanya. Es la boca del lobo: ellos idean, crean y aplican las leyes que descristianizan España. Benedicto XVI se había atrevido en Alemania y en Gran Bretaña. Però a Espanya encara cap Papa no ho havia fet. León lo hizo ayer por la mañana.
Con voz serena y firme, les dijo esto:
«Vengo ante todos ustedes como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia católica, (…) Mi presencia entre ustedes quiere ser un gesto de cercanía hacia España, (…)
La Iglesia (…) cuando se dirige a la vida pública, lo hace respetando la misión propia de las instituciones y la legítima responsabilidad de quienes han recibido el mandato de legislar. Reconoce “la autonomía de las realidades terrenas” y “la distinción entre comunidad eclesial y comunidad política” (…).
En este hemiciclo se da forma jurídica a la convivencia social. (…) toda tarea legislativa acaba encontrándose con una pregunta decisiva: qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes.
Ante esta cuestión, España posee una memoria particularmente rica. Su identidad geográfica y política se ha ido entretejiendo con una historia en la que la fe y la razón, el arte y el derecho, la tradición y el pensamiento han sabido encontrarse fecundamente. En sus catedrales y universidades, en su literatura inmortal, en sus instituciones jurídicas y en el ánimo mismo de su pueblo, permanece viva una herencia que ha dado forma a un modo de vivir la libertad, practicar la justicia y ordenar la vida común.
Desde las páginas universales del Quijote, donde Cervantes proclamó que «la libertad […] es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos» (…), hasta la hondura espiritual de santa Teresa de Ávila, y desde la gran tradición jurídica española hasta la inquietud metafísica de Unamuno, que recordaba que el hombre «no se resigna a morir del todo» (…), España ha sabido mirar al ser humano como algo más que una pieza del orden social, económico o político: lo ha reconocido como criatura abierta a la verdad, dotada de libertad y movida por una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir; en una palabra, como alguien cuya dignidad precede a toda utilidad y a cuyo servicio está sujeta la acción legislativa.
Por eso, al hablar hoy de la persona humana, esta memoria conduce naturalmente a Salamanca y al pensamiento que allí maduró. La presencia simbólica en esta sala de los Reyes Isabel y Fernando, remite a aquel momento en que España quedó situada ante responsabilidades históricas de alcance universal; pocos años después, Salamanca habría de asumir, con singular lucidez, la reflexión moral y jurídica que ese escenario reclamaba. En aquella sede universitaria, hace quinientos años, cuando se abrían mundos nuevos y posibilidades inmensas en las relaciones entre los pueblos, algunos maestros comprendieron que la razón no podía ser invocada para revestir de legitimidad cuanto la fuerza o el interés presentaban como conveniente. Introdujeron así en el discernimiento histórico la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder. (…)

Sin embargo, aquel interrogante abrió un horizonte intelectual y moral que desbordó su propio momento histórico. La intuición del totus orbis, de una comunidad humana más amplia que cualquier poder particular, permitía afirmar la existencia de vínculos jurídicos y morales entre los pueblos. Desde España, la reflexión de la Escuela de Salamanca —y de manera particular fray Francisco de Vitoria, junto con otros dominicos y jesuitas— contribuyó a formar una conciencia jurídica y moral capaz de recordar que la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad y que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes. Ese anhelo sigue hablando también hoy: que la dignidad, la justicia y el bien común sean la medida de las relaciones sociales, tanto a nivel nacional como a nivel internacional.
Ésta es una de las grandes herencias de España: haber unido la acción histórica con la lucidez de la razón moral. Aquella contribución, nacida a orillas del Tormes, trascendió las aulas y las bibliotecas, y llegó a formar parte de una conciencia más amplia, compartida por la comunidad internacional que sigue preguntándose cómo construir la paz sobre el reconocimiento de la persona y no sobre la imposición de la fuerza. Ese legado vive también en estas Cortes, cada vez que el legislador se pregunta cómo hacer que lo posible sea justo, que lo legal sea verdaderamente humano y que la voluntad de la mayoría custodie aquellos bienes que pertenecen a todos y respete aquello que ninguna mayoría puede legítimamente vulnerar. (…)
El progreso ofrece posibilidades admirables (…) ante las transformaciones de nuestro tiempo, nuestro discernimiento debe centrarse en qué lugar ocupa la persona humana en nuestras decisiones, y cómo se plantean hoy, de manera nueva, la dignidad del trabajo, la solidaridad, la política social y el bien común.
Este discernimiento comienza por una afirmación primera: toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana. Tal dignidad precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento (…). Pertenece a todo ser humano por el hecho mismo de existir, y por eso debe orientar todo ordenamiento jurídico positivo. La fe cristiana la proclama a partir de la Revelación; la razón humana puede reconocerla como exigencia inscrita en la verdad del hombre. Cuando esta convicción permanece viva, el derecho se convierte en amparo de todos y en garantía frente a la imposición de intereses y agendas particulares.
Sobre este fundamento, me corresponde pronunciar hoy una palabra serena y firme ante quienes tienen la grave responsabilidad de ordenar jurídicamente la convivencia social. Esta convivencia puede verse amenazada por la cultura del descarte, como tantas veces advirtió el Papa Francisco (…). En este sentido, si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás? La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. Cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona. Por eso, la grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad.
El bien común es, en cierto modo, “la forma social de la dignidad humana” (…). No consiste en la mera suma de intereses particulares, sino en «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección» (…). Cuando el bien común deja de ser horizonte compartido, la acción pública corre el riesgo de fragmentarse en intereses parciales, incapaces de custodiar aquello que pertenece a todos.
En este contexto, reviste particular importancia la familia, realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad. En el hogar se entrelazan las generaciones y se transmite una memoria viva que da continuidad interior a la sociedad. Allí donde la familia es sostenida, se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones. La familia será siempre la primera escuela de humanidad en la que se aprende, antes que en cualquier otro lugar, la gramática elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer.
También las instituciones educativas ocupan un lugar decisivo en esta tarea. En ellas, las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse sobre el sentido de la vida y la dignidad de cada persona. Por eso, muchos padres deseosos de que sus hijos aprendan a relacionarse, a pensar con espíritu crítico y a adquirir valores sólidos, depositan en ellas grandes esperanzas, como valiosas aliadas en su educación. Esta colaboración ha de respetar siempre el «derecho primario e inalienable» de los padres a «elegir el tipo de educación y de formación que reciben sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas» (…).
También el trágico drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional. Numerosos hombres, mujeres y niños se ven obligados, por circunstancias muchas veces dramáticas, a partir de sus comunidades y dejar atrás seres queridos, historias y vínculos. Esta realidad rebasa cualquier lectura puramente demográfica o económica: constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica. Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos.
La situación de los migrantes y refugiados (…) una doble exigencia de justicia social: ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración; y promover, al mismo tiempo, el derecho a permanecer en la propia tierra, trabajando para que nadie tenga que abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones dignas de vida, por las desigualdades económicas y los efectos de la crisis climática (…).
El mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca. En este contexto, la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral. Reclama una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia. (…)
Como recuerda el lema de la Unión Europea, In varietate concordia, la unidad verdadera no uniforma, sino que cohesiona en la diversidad, haciendo de las culturas, sensibilidades y tradiciones una ocasión de enriquecimiento mutuo. (…)
La libertad sobre la que se edifica el Estado contemporáneo, si es auténtica, reconoce la dimensión religiosa del ser humano, la respeta y la tutela jurídicamente; y evita que alguien tenga que renunciar a contribuir a la sociedad en la que vive por causa de su fe.

Sin confundir el plano jurídico con el moral, conviene recordar también que la libertad necesita una comprensión plena de sí misma. Ser libre no significa únicamente estar libre de coacciones o disponer de muchas posibilidades de elección; significa poder reconocer el bien y adherirse a él responsablemente. Por eso, toda sociedad efectivamente libre requiere también una justa delimitación del poder público, de modo que la libertad de las personas, de las comunidades y de las asociaciones no sea indebidamente restringida (…). Desde esta perspectiva, la legítima autonomía del orden temporal jamás debe interpretarse como hostilidad hacia el fenómeno religioso. La fe no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones; sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio como si fuese irrelevante para la vida pública. (…)
Esa luz que viene de lo alto puede recordar que también la política necesita reconocer una medida que la precede y la supera.
También las pinturas que evocan, en la parte superior del muro principal, la recepción del Evangelio y del Decálogo recuerdan algo esencial. Sin confundir el orden político con el religioso, esos signos invitan a reconocer que la libertad moderna ha sido preparada también por una larga educación de la conciencia, profundamente marcada por la tradición cristiana. En esa escuela interior, los pueblos aprendieron que el derecho debe servir al bien, que la justicia pone límites a la fuerza, que el poder necesita legitimidad, que los pobres pertenecen plenamente a la comunidad, que el extranjero debe ser acogido conforme a su dignidad y que la vida humana jamás puede ser tratada como mercancía.
Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse.
Les invito a alzar, pues, la mirada:no para alejarse de la realidad, sino para recordar que toda decisión de las autoridades públicas toca personas de carne y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza para hacerse oír. (…) Por eso, junto a las respuestas técnicas y las reformas legales, hace falta también una renovación moral.
España puede ofrecer mucho en este camino. Cuenta con una lengua que une continentes; una tradición cultural, jurídica y espiritual que ha sabido poner en diálogo fe y razón, derecho y conciencia, unidad y pluralidad. Esta experiencia histórica recuerda también el valor de la concordia y del esfuerzo paciente por construir una convivencia pacífica y justa.
Que esta noble nación jamás pierda la memoria de sus raíces ni la audacia de mirar al futuro. Que España continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza. Y que su vida pública sepa unir siempre la firmeza de las convicciones con la nobleza del diálogo y la grandeza del servicio.
Que Dios conceda paz a todas las naciones de la tierra, concordia a las familias y serenidad a las conciencias. Y que, sobre el Reino de España, marcado por la huella apostólica de Santiago y por la presencia maternal de la Virgen del Pilar, desciendan días de prosperidad, justicia y paz duradera. Muchas gracias».
Tot. Hi és quasi bé tot. Vida, família, llibertat d’ensenyament, bé comú. Dignitat de la persona. Voluntat de poder limitada per la veritat. Veritat, bé, amor, bellesa per sobre de les lleis. Fe y razón. Derecho de gentes creado en España. Unidad y diversidad. Distinción entre lo político y lo religioso, pero no separación intransitable. Libertad verdadera. Acogida y caridad. Memoria histórica auténtica. Derecho a la influencia de la fe en la vida pública. Crisis espiritual, renovación moral. Llengua comú. Espanya.
Puro dolço. Para meditarlo a fondo. Gracias por su lección, Santo Padre.
Dolça i lleoniana Espanya…

Categories: Alma, Pensando bien
La visita del papa es una «acció feixista de laxtremadreta ultracatòlica».
«Som feministes de la CUP. Totes som atees. Lluitem contra el papa. El papa, ni a Barcelona ni enlloc!»
Dolça i «subnuuurmalitzada» Catalunya! XD
El Pspa ha venido a beaticar a Pedro Sánchez.
Sánchez ya no es ateo y está sufriendo una gran persecución.
Segundo discurso espléndido del Papa. Impresionante. Gracias Dios mío.
¿Dónde están las viviendas? ¿Dónde la economía para sostener escuelas, sanidad, manutención? ¿Dónde el orden y el respeto al lugar que la inmigración acude?. Es fácil hablar y escribir, pero la aplicación es otra situación. Muchos, especialmente los árabes, viene imponiendo su cultura, y eso si que no. Donde fueres haz lo que vieres. Hace muy poco me decía una señora peruana que lleva en España más de 30 años: «yo vine sin ayuda alguna con tres hijos pequeños. Me costó mucho comenzar, no había ayudas como las de hoy que son en exceso. Mis hijos se educaron aquí y hoy están en la Guardia Civil y en el ejercito como suboficiales. Ahora se viene por las prebendas que el gobierno da. Le cuento. Una prima me llama y me pide que le deje una habitación a una hija de ella para que dé a luz aquí porque la Seguridad social española es muy buena y la atenderán bien-Mi respuesta. Con el dinero que te cuesta el pasaje puedes pagar en Lima una clínica particular.-
¿QUÉ ESTÁ PASANDO? HAY MÁS Y MEJOR INFORMACIÓN EN EL EXTRANJERO QUE LA QUE TENEMOS LOS ESPAÑOLES.
Para tu información, esto no es de ahora, sino que viene desde 1982 con el corruptísimo felipato hasta ahora mismo.
Por tanto la pregunta es, ¿por qué nada funciona en este país? y
¿Quién está detrás ? (a quien beneficia )
Ya te adelanto que «cuanto peor, mejor» será muy bueno para que los políticos pillen poltrona, pero es muy malo para los que lo tenemos que sufrir, nosotros; que encima pagamos la fiesta.
Discurso interesante porque va a las raíces esenciales de España, y cuando digo «raíces esenciales» lo digo en su más etimológico sentido de la palabra: las alusiones a la escuela de Salamanca, al ‘ius gentium’ que esta generó inaugurado por Francisco de Vitoria (y seguido por otros muchos), un verdadero cuerpo doctrinal ‘made in Spain’ aún vigente hoy en todo el mundo. Salamanca y los místicos configuraron esa España enorme que nos ha legado la Historia. Quizá ha omitido un único importantísimo detalle: el Imperio Español fue EL ÚNICO que se autolimitó; los conquistadores nunca pudieron hacer lo que les dio la gana y, los que lo hicieron, lo hicieron en flagrante vulneración de las leyes. Las Leyes de Indias, el testamento de Isabel la Católica (¿para cuándo su beatificación/canonización, Santidad?), las leyes de Burgos del Rey Católico Fernando II… Ni el imperio británico, ni el francés, ni el portugués protegieron -o intentaron proteger- a las poblaciones nativas como lo hizo España; y menos aún permitieron la fusión étnica que la Monarquía Hispánica no solo no rechazó sino que incluso promovió.
Que el papa Prevost haya puesto tan de relieve -pese a alguna que otra omisión- una historia tan importante (que, encima, hoy está impugnada por los idiotas de siempre), es todo un acontecimiento.
Pues un discurso bastante bueno.
Francamente, yo me esperaba cualquier porquería socialista acorde, con el antro donde se leyó, y acorde con el podemita cardenal de Madrid.
Pero, no: fue un gran discurso. Lo aplaudieron hasta los de VOX.
Armengol, verbigracia de honradez, pundonor y saber estar, sí que expelió un discurso progre que no venía a cuento. Ese es el nivel, Maribel.
El careto de Dirty Sánchez 💩 y todos sus socios cómplices de delitos, era un poema.
Lo de la catalanista Miriam Bocabuzón Nogueras, agarrando al Papa, y rebuznando en dizque inglés los mantras catalanistas de rigor. La de miasmas con que la moza terruñera que le habrán empapado la cara.
Mientras, a 60 km al noroeste del Antro de los Dipvtaos y Dipvtáas, la Santa Cruz del Valle de los Caídos, estaba siendo profanada por mutuo acuerdo entre socialistas, centrocuentistas y separatistas. Konferezia Hepiskopalutxa Ex-pañola, aparte
La misma 💩💩💩 que ayer aplaudió al Papa.
Pd. Ya he comprado palomitas y chevecha, porque hoy y mañana en Barcelona, habrá aquelarres masónico catalanistas (valga la redundancia) a tutiplén. Y en Canarias, también.
El PAPA, cuando habla EX CATEDRA, es INFALIBLE