La demagogia es un rasgo intrínseco en el gen político de ERC que jamás ha hecho autocrítica de sus errores
Las insensatas declaraciones de Oriol Junqueras a propósito de que son capaces de parar la actividad económica durante una semana (por cierto, más creíble de lo que pudiera parecer: éstos son capaces, si los dejan, de parar la actividad económica no una semana, sino meses, años e incluso décadas) han provocado numerosas reacciones y comentarios. Destaca el artículo de Valentí Puig en El País en el que, entre otras cosas, se sugiere que el error de cálculo de Junqueras puede hacerle regresar al papel que nunca debió de dejar, el de un actor secundario sin ninguna influencia real (nosotros preferiríamos incluso un aún más discreto papel de figurante). Pero más allá del personaje, que no da para mucho más, es importante detenerse en el juicio de Puig sobre Esquerra Republicana:
«Una vez más ERC ha conseguido perfilarse como un partido que nació a la contra y no a favor de algo, creció y bajó a la contra, gobernó a la contra y sigue a la contra, incluso contra sí mismo. El error de Oriol Junqueras y su rectificación posterior se inscriben en esta propensión, conducente a horizontes de ruptura y no de construcción común, como —en otra medida— fue la conducta de ERC en octubre de 1934 o las conversaciones de Carod Rovira con ETA.»
En efecto, ERC ha sido, a lo largo de su siniestra historia, un cáncer para Cataluña, un elemento de distorsión y destrucción que no ha aportado nada bueno a nuestra tierra. Y ahí siguen, en sus trece.
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Viva ERC