Qui és aquest paio que arriba a Sitges envoltat de multituds?

A punt de visitar el Palau de Mar i Cel.

Sitges Franco

Els sitgetans criden d’entusiasme. Han engalanado su pueblo con banderas de España en todas partes para la ocasión: viene Franco.

Ahora dice el alcalde separatista que “el poble” (un 2%, unes 200 persones) ha votado que se cambie el nombre de la Plaza y la Calle de España, y así lo ha hecho. Como ven en la foto, con Franco había bastante más de 200 vecinos de la época.

Dolça i jaquetera Catalunya…

bastoncillo



Categories: Historia, Huid del nacionalismo

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8 comentarios

  1. En vuestros comentarios teneis la contestación

  2. Rajoy pudo haber anulado esa ley estúpida y alentadora del odio que se inventó ZP. Ahora ya es tarde. A ver si nos ponemos a trabajar, Don Mariano, si de nuevo vuelve usted a regir los destinos de España. En cuanto a la alcaldada de ese sujeto del ayuntamiento de Sitges…¿qué decir…? Sobran comentarios.

  3. Prácticamente todo el bienestar social que disfrutamos ahora se lo debemos al franquismo

  4. Practicamente todo el bienestar social del que disfrutamos ahora se lo debemos al Franquismo

  5. Franco. No lo vivi pero x lo que veo da mil vueltas a los democratas que nos ha tocado sufrir.

    ahora las subvenciones y sobornos multiplicados x cada autonomia o “nazionalidad” esclar.

  6. Otra cosa que no existe en ningún país occidental, una “ley de memoria HIstórica”, la interpretación histórica a golpe de ley. Que quiten ya esto, que es propio de dictaduras tercermundistas…dan vergüenza.
    Deben pretender algo para su inmundo chiringuito como los del Institut de Nova Història.
    Todo esto unido a que en las universidades y otros centros unos cavernícolas histéricos pretenden impedir que hablen personas que tienen algo que aportar a nivel científico o filosófico.
    ¿Qué clase de avence o modernidad es la quieren estos ladrones? ¿Por qué de su histeria?

    • Es una vergüenza para cualquier historiador, pero un negocio redondo para los que quieren explotar el victimismo de los vencidos (de los que ya deben quedar cuatro o cinco, con 90 años o más). En torno a estos últimos se monta el negociete: a reclamar, que conseguimos subvenciones y, de paso, cabreamos a los tontos que se han creído los rollos de los abuelos.

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