Un catalán, último capellán de la División Azul.

No se habla de eso, pero los catalanes participaron en todas las épocas de las expediciones militares españolas.

JOSEP COMAS

Acabada la guerra, muchos catalanes se alistaron para ir a combatir a Rusia. “Le devolvemos la visita al comunismo”, decían, refiriéndose a las masacres que durante tres años provocó el Comintern en Barcelona. La División Azul le sirvió a Franco para contemporizar con Hitler -que le pedía la entrada en la guerra- y dar salida a las peticiones de muchos falangistas. El “regimiento catalán” estuvo integrado por 70 oficiales, 193 suboficiales y técnicos y una tropa de 1.758 soldados, que formaban 2 batallones de Infantería y una sección de Artillería de Soporte. A los soldados españoles en el frente ruso les acompañaron 71 sacerdotes, para atenderles espiritualmente.

Entre ellos estaba Josep Comas Gros, un sencillo sacerdote que nació en Barcelona en 1915. Su padre era ferroviario, Josp Comas Fultarell y su madre, Dolores Gros Ariet. Estudió en los Hermanos Maristas de la Ciudad Condal, y en la guerra -ya seminarista- lo movilizaron en el Ejército republicano. Se ordenó cura en 1940. Le tocó hacer el servicio militar y ejerció su ministerio en Santiago varios meses, hasta que en 1942 el Vicario General Castrense le propuso marchar a la División Azul como capellán para relevar y cubrir bajas.

Aceptó y en marzo de ese año marchó a Rusia vía Alemania. En el “Infierno Verde” de los bosques del Volchov ejerció su ministerio, celebrando la Eucaristía y administrando los sacramentos de la penitencia y la extremaunción. En septiembre de 1942 cambió de frente y de unidad, y participó en la célebre batalla de Krasny-Bor, realizando su labor en primera línea bajo fuego enemigo constante. Aquella jornada y las subsiguientes fueron terribles, y se le grabó a fuego la cantidad de caídos a su alrededor.

En 1943 regresó a su diócesis de Barcelona y allí siguió como sacerdote hasta que se jubiló en 1990, con 75 años. Estuvo en las parroquias de Molins de Rey, en las Franquesas, en Santa Coloma de Marata y en Granollers. Fue secretario del obispo Modrego, y canónigo honorario de la catedral hasta 1990. Murió el pasado 29 de abril de 2013, a punto de cumplir los 98 años, como un sacerdote ejemplar.

dolca



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4 comentarios

  1. El mossèn era un sant i a més els tenia ben posats

  2. vaig conèixer molts voluntaris de la divisió blava. Eren catalans de debó. Quins tios.

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