Què macos s’han posat els hotels de Salou!

Que juega España, escolti.

A mucha gente le gusta el fútbol. Y les gusta también ver que los futbolistas de su país son un equipo diverso y polifacético, capaces de jugar a fútbol mejor que cualquier otro país. Segurament ens recorda que junts vam fer coses molt grans i podem seguir fent-les; que la división que nos trae la política es artificial y superable; que estamos más unidos que lo que nos dicen los políticos cada día. Y lo celebran mostrando la senyera de tots, la que nos une.

Com ara aquests dies els hotels de Salou, a Tarragona.

Lo cual nos hacer pensar que en 2010 por estas fechas, cuando España ganó el Mundial, vimos la mayor explosión de banderas nacionales en Cataluña desde hacía al menos 35 años. Mai vist, però superat el 8 d’octubre de 2017. Un observador tranquilo se habría dado cuenta entonces de que el prusés, que la Generalitat estaba a punto de poner en marcha, fracasaría.

Endavant Espanya!

Dolça i unida Catalunya…

 



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3 comentarios

  1. La presencia de mafias en Salou se vincula principalmente con redes internacionales de narcotráfico y organizaciones dedicadas a la falsificación y distribución de productos (top manta).

    Yo he estado una sola vez en Salou, a principios de la década del 2000, y solamente me detuve para comer en un restaurante.

    Prefiero veranear en Sant Pol de Mar, en Santa Susana o en Sant Antoni de Calonge.

    Lo de «Sant» o «Santa» ya es una garantía de que el municipio en cuestión es una maravilla. Y no falla. Son tres municipios muy bellos y muy tranquilos. Recomiendo visitarlos.

  2. No soy futbolero. Pero anteayer, (o quizá fue el lunes o el martes), a las 23:30 h de la noche, en todo el distrito barcelonés de Les Corts, vi a muchísimos chicos y -sobre todo- a muchísimas chicas, todos ellos muy jóvenes, con la camiseta de «La Roja» y con la cara pintada con los colores de la bandera de España.

    España, 1 -vs.- Portugal, 0. ¿Fue ese partido? Podría ser. Como no sigo el fútbol…

    Pero me gusta mucho andar. Y fui testigo de las muchísimas caras pintadas con los colores de la bandera de España. Sin miedo a cruzarse con algún piojoso de la CUP o de Arran.

    «Y viva España» (1973), como cantaba el gran Manolo Escobar (1931-2013).

  3. El encantador hispanismo de Dolça Catalunya la lleva siempre a ver virtudes hispánicas en cualquier manifestación atribuible a la rojigualda. Seguro que esto es mejor que lo contrario, pero el hecho de que tanta «hispanofilia» -ahora ya no hablo por Dolça, sino en general- solo se manifieste en el puntapié a una pelota, me parece sospechoso: cada día aparecen en la prensa común -en la especializada no digamos- avances científicos y técnicos espectaculares llevados a cabo por españoles; por españoles que no solo no cobran -ni de lejos- las millonadas que perciben los de la patada sino que, encima, trabajan con una precariedad de medios que asusta (y admira, claro). Y estos verdaderos genios, estos sabios, estas mentes brillantes apenas reciben el aplauso de sus colegas: no hay multitudes jaleándolos con el ondear de miles de banderas españolas (que jamás aparecen en ese número -ni lejanamente- un 12 de octubre, pongo por caso).

    Lo del fútbol me huele, sencillamente, a nacionalismo, a nacionalismo cutre y barato (como todos los nacionalismos, por otra parte) porque también existe un nacionalismo español, un nacionalismo ciego -y bastante estúpido- que funciona con exactamente los mismos parámetros que los de las cubanas, solo que cambiando la geometría simbólica.

    Ya sé que es recurrente, pero hay que ir a lo que dijo Ortega: «No es eso, no es eso…»

    Porque lo de ‘citius, altius, fortius’ bien hubiera podido ser (y a Berlín 1936 me remito) una consigna hitleriana.

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