La decadencia catalana.

En vez de historiadores, tenemos comisarios de propaganda.

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Mientras se apaga el recuerdo de la vergonzosa reunión en la que bajo el titulo “España contra Catalunya”, unos cuantos talibanes y/o estómagos agradecidos repitieron con muy poca originalidad la manida retahíla de pobres argumentos (¿o habría que llamarles consignas?), una y mil veces rebatidos, con que los separatistas se empeñen en castigar nuestra inteligencia, aparecen voces de historiadores serios que desmontan el disparate (fue John Elliot quien así lo bautizó).

Por ejemplo, Jordi Canal, historiador y profesor en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, quien ha escrito un interesante artículo en El País titulado “Cataluña, fábrica de enemigos”. En él podemos leer el siguiente juicio, proveniente de alguien que conoce el oficio:

“Los historiadores catalanes, desde principios de la década de 1990, han optado mayoritariamente por hacer patria y han dejado en segundo término la producción de conocimiento y de fórmulas de comprensión no comprometidas con el nacionalismo del pasado. El estado decadente actual -con algunas meritorias excepciones- de la historiografía catalana, tan innovadora y atractiva hace unos lustros, es el resultado más claro de estos cambios.”

Era lógico: la historia sectaria al servicio de la política ha hundido en la decadencia a la historiografía catalana. ¡Visca Catalunya!

dolca



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2 comentarios

  1. Buenas tardes. Estando de acuerdo con el Sr. Canal, no estoy sin embargo de acuerdo con el proceso de lustros que abocó a los historiadores catalanes a refugiarse en al “fe nacionalista”. Soy historiador y en parte formado en Cataluña durante la segunda mitad de los años 80.

    Por ello, en mi humilde opinión, creo que, desde el momento en el que el poder autonómico estuvo en manos de los gobiernos del Honorable Jordi Pujol, se propició una visión nacionalista y acrítica de la Historia de Cataluña. Ha sido una manera de hacer “país” y crear “identidad” en detrimento del sentimiento común de “España”, naturalmente exhausto tras cuarenta años de dictadura nacionalista.

    En suma ello ha provocado el adoctrinamiento que hoy padece la sociedad catalana. Centrada en el discurso falaz de una historiografía decimonónica imbuída en el nacionalismo local. Las razones seguramente están facilitadas por las competencias educativas asumidas por la Generalitat, y por la endogamia y falta de competitividad que, a nivel local, ha caracterizado el últimos treinta y cinco años de la Universidad Española en general.

    Un saludo afectuoso a todos.

  2. Ya decía yo que me sonaba lo que habéis citado de él, tengo un libro que coordinó el mismo Jordi Canal y el artículo introductorio dice:

    ‘Hubo un tiempo, hace lustros ya, en que la historiografía catalana dedicó notables esfuerzos a analizar y someter a crítica los mitos nacionales. Me refiero sobre todo a la segunda mitad de los años setenta y a los años ochenta. En la década de los noventa las cosas cambiaron sustancialmente. La suma, entre otros factores, de los efectos de la caída del muro de Berlín, que abocó a muchos historiadores catalanes a refugiarse en la fe nacionalista tras el estrepitoso hundimiento del comunismo -la primera década de los noventa fue la época dorada de lo que Ernest Lluch denominó, con acierto, el “Pujolismo-Leninismo”- y de los éxitos evidentes del proceso renacionalizador de la sociedad catalana explican en buena medida estas evoluciones.[…]’ Etc, sigue.

    “El nacionalismo catalán: Mitos y lugares de memoria” (2005)

    Bastante recomendable, si bien denso por ser un libro de artículos en su mayoría académicos para revistas especializadas.

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