Algo que aprender del referéndum en el Reino Unido.

Los errores de estrategia de los partidarios de la integración son similares al caso español.

uk breakup

Diferents origens, similars errors estratègics

Recogemos unas reflexiones del analista británico James Forsyth sobre los motivos de la independencia escocesa, el planteamiento de la campaña del referéndum y las consecuencias que podría traer sea cual sea su resultado.

Si nadie explica los beneficios de la Unión, ¿cómo podemos ganar?

El próximo año decidirá el destino del Reino Unido. El referéndum de independencia escocés del 18 de septiembre podría destruir la Unión, y cuando nos sentemos para la comida de Navidad en 2014 podríamos estar en plenas negociaciones para la independencia. Quizás estemos todos esperando a ver qué dice la Reina sobre el fin de la Unión en su mensaje de Navidad.

A gran parte de Inglaterra todavía le cuesta tomarse el tema en serio. El “Libro blanco de la independencia” del Gobierno escocés casi no tuvo repercusión en las portadas de los diarios londinenses. ¿Por qué? Porque se asume – basado en resultados de encuestas que se repiten- que los escoceses votarán NO. Pero entre los más involucrados en la pugna hay un temor creciente de que los mayores recursos y el mensaje más simple de la campaña del SÍ puedan hacer que al final el resultado esté muy igualado.

Si esto no fuera suficientemente dramático para un solo año, 2014 podría ser también el año en el que un partido que aboga por abandonar la Unión Europea gane las elecciones europeas en este país. Ello no cambiaría instantáneamente la naturaleza de las relaciones con la UE. Pero podría hacer casi imposible para Ed Miliband (líder de la oposición laborista) continuar oponiéndose a un referéndum sobre la continuidad del Reino Unido como miembro de la UE.

Esta volatilidad en nuestro normalmente plácido entorno político ha sido provocada por la emergencia de nuevos partidos cuyo objetivo explícito es acabar con el orden establecido. El Partido Nacionalista Escocés (SNP) y el Ukip (UK Independence Party) prosperan gracias a su diferencia. No están interesados en unirse a un consenso o en ser alabados como responsables o respetables, sino que se diferencian orgullosamente de los demás partidos. Están capitalizando inteligentemente el descontento popular con el orden político establecido.

Ambos partidos son nacionalistas – pero en extremos opuestos del espectro político. El SNP es esencialmente un partido de izquierdas, parte de su argumento para la independencia es que una Escocia soberana sería un país más socialdemócrata. Ukip, por contra, es de derechas. Su alma se entusiasma ante la perspectiva de impuestos bajos, una fuerte defensa nacional y una dura política de inmigración. El sueño del SNP de una Escocia independiente con amplios programas sociales, sin submarinos nucleares y con más inmigración es similar a la idea que el Ukip tiene del infierno.

(…)

Tanto el SNP como el Ukip son liderados por hombres que no forman parte del parlamento de Westminster pero tienen un perfil nacional. Alex Salmond (líder del SNP) y Nigel Farage (jefe del Ukip) han desarrollado un lenguaje diferente que les permite hablar a la gente sin sonar igual que otros políticos. Debería preocupar a Westminster que los tres políticos – Salmond, Farage y Boris Johnson (el alcalde de Londres) – que mejor han logrado hacerse escuchar en esta era anti-política no se sienten en los Comunes (cámara baja británica).

Estos dos movimientos insurgentes atemorizan a los tres partidos tradicionales del Reino Unido. No saben si despreciarlos por extremistas, afrontar sus demandas o simplemente reírse de ellos. Los Tories han intentado las tres cosas con el Ukip. Pero ninguna de estas estrategias han reducido su crecimiento. Así que los Tories han decidido no hablar del Ukip con la esperanza que eso les negará el oxígeno de la publicidad.

Uno de los motivos por el que el Ukip y el SNP han prosperado es que los otros partidos han estado demasiado dispuestos a cederles el monopolio de la pasión. En la carrera hacia el referéndum escocés, nadie está construyendo el argumento emocional a favor del Reino Unido. En vez de ello, la defensa que el gobierno de Londres y los de “Better Together” (“Mejor Juntos”) hacen del Reino Unido consiste en una serie de argumentos tecnocráticos. Esto reduce la Unión a un acuerdo fiscal, difícilmente el tipo de cosa que hace que la gente se entusiasme.

Es fácil caer en un “complejo de inferioridad” cultural sobre la defensa de la Unión, como burlarse del Tory Liam Fox, un escocés que tiene un escaño por Inglaterra, por querer organizar una “marcha por la Unión” en Edimburgo con familias que viven dispersas en diversos lugares del Reino Unido. Este tipo de “patriotismo de manifestaciones” puede no ser particularmente británico. Pero algo debe hacerse para recordar al electorado escocés que si apoya la independencia, está votando para convertir a los ingleses, los galeses y los habitantes de Irlanda del Norte en extranjeros.

Al inicio de la campaña, un diputado del SNP me dijo bravuconamente que ganarían al presentar la independencia como una “independencia light” – no tan diferente de un muy significativo incremento de competencias a Escocia. Esta estrategia reconoce la potencia emocional que tienen los argumentos sobre la historia compartida del Reino Unido, sus instituciones y los lazos familiares. Pero la campaña por la Unión es extrañamente reacia a jugar esta carta.

El otro fallo en esta estrategia para salvar la Unión es que los nacionalistas vienen armados con sus propios números. El resultado es que más que la transparencia y claridad que los de “Better Together” buscan, surge la típica confusión política sobre los datos, con lo que se corre el riesgo de que dejen a los votantes indiferentes.

Tanto el Ukip como el SNP han logrado marcar la agenda hasta tal punto que sus objetivos respectivos se ven ya alcanzables. David Cameron ha prometido al país un voto sí/no sobre la pertenencia a la UE si sigue siendo Primer Ministro tras las próximas elecciones. Y aunque los nacionalistas pierdan el referéndum sobre Escocia, ya han logrado -por el hecho de que haya tenido lugar- una promesa de mayores poderes para el parlamento escocés. De hecho, un político muy relevante de la campaña por la Unión cree que ello hará las disposiciones constitucionales del Reino Unido tan asimétricas que la legitimidad democrática exigirá un referéndum en el resto del Reino Unido para aprobar el acuerdo.

El auge de estos dos partidos insurgentes resalta la pequeñez de nuestra política. Han tenido éxito porque la clase política les ha dejado espacio para prosperar. La política desapasionada de los años recientes ha creado un déficit de entusiasmo que Salmond y Farage están aprovechando. Lo que necesita nuestra política desesperadamente es líderes que puedan ofrecer una visión positiva y optimista de Gran Bretaña que termine con la palabrería del marketing político que domina la política de Westminster.

La figura nacional que sea capaz de hacerlo encadenará victorias electorales.”

dolca



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