Diada de joia arreu d’Espanya! Felicitat i goig per a tothom!

Votos de villa y tierra, procesiones, congregaciones, cofradías, coplas populares, juramentos de reyes y profesiones… así fue nuestro pueblo afirmando la fe de los sencillos en que la Virgen María fue concebida sin pecado original; la que aplastó la cabeza de la serpiente del Paraíso, la Madre de Dios, la mejor de la estirpe humana no es una histérica charo empoderada, sinó una discreta vilatana de Natzaret, obdient a Déu, aimant esposa i impecable Mare. El rey Wamba (s.VII) ya se titulaba “Defensor de la Purísima Concepción de la Virgen María”; i Jaume el Conqueridor va ser ben fidel a la Mare de Déu Inmaculada.
Sí, España, Terra de Maria, ha sido siempre reconocida por su gran fervor y piedad hacia la Virgen, de manera especial a la Inmaculada. Una piedad que se ve por doquier en la vida social; per exemple, el RCD Espanyol és blanquiblau perquè són els colors de la Mare de Déu. Los gélidos y cansinos protestantes la degradaron y rabiaron con el esplendor barroco de las Inmaculadas de Murillo o Zurbarán. Hoy, por privilegio especial para España, el sacerdote celebra la misa de azul Inmaculada.
El primer voto español del que se guarda escritura original es el de Villalpando (Zamora), en 1466; però la fe ve de molt abans, i els vots es feien arreu d’Espanya, a tots els òrgans de govern, viles i universitats. La cofradía de la Inmaculada más antigua de España es la de Gerona, de 1330. El 1651 el Consell de Cent de Barcelona va fer vot de defensar la Immaculada Concepció de Santa Maria. 2 siglos después Roma proclamaba el dogma que toda España venía defendiendo desde hacía tantos años. En reconocimiento del adelanto español se alza hoy una bella columna con la Inmaculada en la Plaza de España de Roma.
El amor a la Virgen hizo que toda España tuviera por patrona a la Inmaculada desde 1644. También lo es de la Infantería española por un suceso acontecido en 1585 muy lejos de nuestra patria: el milagro de Empel, que le explicaremos en la próxima entrada, i que l’artista català Ferrer Dalmau va veure així:

Después del milagro de Empel, la Inmaculada, defendida por universidades, cabildos, gremios y doctores españoles desde el medievo, fue proclamada patrona de España. Els nostres poetes i artistes li van tenir especial devoció. I mossèn Cinto, potser més que cap altre:
CANT a la IMMACULADA.
Mn Cinto Verdaguer.
Oh Verge Immaculada,
per vostra Concepció,
d’Espanya Reina amada,
salvau vostra nació.
Concebuda sou, Maria,
és lo càntic celestial
que la terra al cel envia
com un himne triomfal;
Concebuda sou, Maria,
sens pecat original.
Vós, Maria, sou l’estrella
que guià Espanya al Nou Món,
la de l’alba hermosa i bella
de la glòria que se’ns pon.
Oh Maria, hermosa estrella,
resplendiu d’Espanya al front.

Quan sa Reina era Maria,
nostre regne era el més gran,
sa bandera el món cobria
des d’Amèrica a Lepant.
Si a regnar torna Maria,
ses grandeses tornaran.
Vós d’Espanya sou la glòria,
Vós lo Sol del Principat;
nostra pàtria i nostra història
Vós, oh Verge, ens ho heu donat:
tronos són de vostra glòria
Covadonga i Montserrat.
Patrimoni ets de Maria,
oh, d’Espanya, hermós país!
mes avui l’error hi nia
que et farà poble infeliç.
Oh!, xafau-li el cap, Maria,
que és la serp del paradís.

Avui els politiquenyos no celebraran res, que només volen ideologia i calers. Però el poble senzill balla i canta de joia, y acude a las iglesias para honrar a la que sabe su Madre. Dolça Immaculada, salvau vostra nació, la terra de Maria. Un petó a la Mare del Cel, i felicitats a totes les Conxites i Immes!
Dolça i mariana Catalunya…

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Mensaje Presidencial con motivo de la Fiesta de la Inmaculada Concepción
Hoy, reconozco a todos los estadounidenses que celebran el 8 de diciembre como un día sagrado en honor a la fe, la humildad y el amor de María, madre de Jesús y una de las figuras más importantes de la Biblia.
En la festividad de la Inmaculada Concepción, los católicos celebran lo que consideran la liberación de María del pecado original como madre de Dios. Su primera aparición en la historia fue cuando, según las Sagradas Escrituras, el ángel Gabriel la recibió en el pueblo de Nazaret con la noticia de un milagro: «¡Salve, llena de gracia! El Señor está contigo», anunciando que «concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús».
En uno de los actos más profundos y trascendentales de la historia, María aceptó heroicamente la voluntad de Dios con confianza y humildad: «He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra». La decisión de María cambió para siempre el curso de la humanidad. Nueve meses después, Dios se hizo hombre cuando María dio a luz a un hijo, Jesús, quien ofrecería su vida en la cruz por la redención de los pecados y la salvación del mundo.
Durante casi 250 años, María ha desempeñado un papel fundamental en la gran historia estadounidense. En 1792, menos de una década después del fin de la Guerra de Independencia, el obispo John Carroll —el primer obispo católico de Estados Unidos y primo de Charles Carroll, firmante de la Declaración de Independencia— consagró nuestra joven nación a la madre de Cristo. Menos de un cuarto de siglo después, los católicos atribuyeron a María la impresionante victoria del general Andrew Jackson sobre los británicos en la crucial batalla de Nueva Orleans. Cada año, los católicos celebran una misa de Acción de Gracias en Nueva Orleans el 8 de enero en memoria de la ayuda de María para salvar la ciudad.
A lo largo de los siglos, leyendas estadounidenses como Elizabeth Ann Seton, Frances Xavier Cabrini y Fulton Sheen, quienes dedicaron sus vidas a glorificar a Dios al servicio del prójimo, han tenido una profunda devoción a María. La Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, ubicada en el corazón de la capital de nuestra nación, honra a María como la iglesia más grande de Norteamérica. El himno atemporal «Ave María» sigue siendo apreciado por innumerables ciudadanos. Ella ha inspirado la fundación de innumerables iglesias, hospitales y escuelas. Casi 50 universidades estadounidenses llevan el nombre de María. Y, dentro de unos días, el 12 de diciembre, los católicos de Estados Unidos y México celebrarán la inquebrantable devoción a María que se originó en el corazón de México —donde ahora se encuentra la hermosa Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe— en 1531. Al acercarnos a los 250 años de gloriosa Independencia de Estados Unidos, reconocemos y agradecemos, con total gratitud, el papel de María en la promoción de la paz, la esperanza y el amor en Estados Unidos y más allá de nuestras fronteras.
Hace más de un siglo, en plena Primera Guerra Mundial, el Papa Benedicto XV, líder de la Iglesia Católica Romana, encargó y dedicó una majestuosa estatua de María, Reina de la Paz, con el Niño Jesús en brazos y una rama de olivo, para que los fieles cristianos se animaran a seguir su ejemplo de paz y orar por el fin de la horrible matanza. Apenas unos meses después, terminó la Primera Guerra Mundial. Hoy, volvemos a mirar a María en busca de inspiración y aliento al orar por el fin de la guerra y por una nueva y duradera era de paz, prosperidad y armonía en Europa y en todo el mundo.
En su honor, y en un día tan especial para nuestros ciudadanos católicos, recordamos las palabras sagradas que han brindado ayuda, consuelo y apoyo a generaciones de creyentes estadounidenses en tiempos de necesidad:
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Donald J. Trump
(traducción automática )
Presidential Message on the Feast of the Immaculate Conception
Today, I recognize every American celebrating December 8 as a Holy Day honoring the faith, humility, and love of Mary, mother of Jesus and one of the greatest figures in the Bible.
On the Feast of the Immaculate Conception, Catholics celebrate what they believe to be Mary’s freedom from original sin as the mother of God. She first entered recorded history as a young woman when, according to Holy Scripture, the Angel Gabriel greeted her in the village of Nazareth with news of a miracle: “Hail, favored one! The Lord is with you,” announcing that “you will conceive in your womb and bear a son, and you shall name him Jesus.”
In one of the most profound and consequential acts of history, Mary heroically accepted God’s will with trust and humility: “Behold, I am the handmaid of the Lord. May it be done to me according to your word.” Mary’s decision forever altered the course of humanity. Nine months later, God became man when Mary gave birth to a son, Jesus, who would go on to offer his life on the Cross for the redemption of sins and the salvation of the world.
For nearly 250 years, Mary has played a distinct role in our great American story. In 1792, less than a decade after the end of the Revolutionary War, Bishop John Carroll—the first Catholic bishop in the United States and cousin of signer of the Declaration of Independence Charles Carroll—consecrated our young Nation to the mother of Christ. Less than a quarter-century later, Catholics attributed General Andrew Jackson’s stunning victory over the British in the climactic Battle of New Orleans to Mary. Every year, Catholics celebrate a Mass of Thanksgiving in New Orleans on January 8 in memory of Mary’s assistance in saving the city.
Over the ages, American legends like Elizabeth Ann Seton, Frances Xavier Cabrini, and Fulton Sheen, who spent their lives glorifying God in service to others, have held a deep devotion to Mary. The Basilica of the National Shrine of the Immaculate Conception, located in the heart of our Nation’s Capital, honors Mary as the largest church in North America. The timeless hymn “Ave Maria” remains beloved by countless citizens. She has inspired the establishment of countless churches, hospitals, and schools. Nearly 50 American colleges and universities bear Mary’s name. And, just days from now, on December 12, Catholics in the United States and Mexico will celebrate the steadfast devotion to Mary that originated in the heart of Mexico—a place now home to the beautiful Basilica of Our Lady of Guadalupe—in 1531. As we approach 250 years of glorious American Independence, we acknowledge and give thanks, with total gratitude, for Mary’s role in advancing peace, hope, and love in America and beyond our shores.
More than a century ago, in the midst of World War I, Pope Benedict XV, the leader of the Roman Catholic Church, commissioned and dedicated a majestic statue of Mary, Queen of Peace, bearing the infant Christ with an olive branch so that the Christian faithful would be encouraged to look to her example of peace by praying for a stop to the horrific slaughter. Just a few months later, World War I ended. Today, we look to Mary once again for inspiration and encouragement as we pray for an end to war and for a new and lasting era of peace, prosperity, and harmony in Europe and throughout the world.
In her honor, and on a day so special to our Catholic citizens, we remember the sacred words that have brought aid, comfort, and support to generations of American believers in times of need:
Hail, Mary, full of grace, the Lord is with thee. Blessed art thou among women and blessed is the fruit of thy womb, Jesus. Holy Mary, Mother of God, pray for us sinners, now and at the hour of our death. Amen.
Donal J. Trump
En Barcelona (España), hay un colegio Maristas que se llama «Maristes La Immaculada».
En Paraguay también. Cada 8 de diciembre. Virgen de Caacupé.
¿Conocéis la historia?
«La Virgen de Caacupé o Virgen de los Milagros de Caacupé es una variante de la advocación mariana de la Inmaculada venerada en la localidad homónima, donde tiene una basílica católica inaugurada el 8 de diciembre de 1765 que se ha convertido en un lugar de peregrinación de numerosos creyentes de Paraguay, país del que es patrona.»
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Virgen_de_Caacup%C3%A9