El Doctor Newman, Cataluña y la distopía de «Un mundo feliz»

La tirania de la independència i l’autodeterminació, exposada pel nou Doctor de l’Església.

Ya estamos en agosto, tiempo de descanso, familia, naturaleza y lectura. I resulta que ahir vam saber que el cardenal Joan Enric Newman serà declarat Doctor de l’Església, título que se recibe por la profundización en la doctrina cristiana perenne.

El inglés Juan Enrique Newman se convirtió al catolicismo leyendo a los Padres de la Iglesia. ¿Dónde estaban entonces los Luteros y Calvinos, los centenares de sectas protestantes?, es demanava. A los catalanes sometidos a la matraca nacionalista nos inspira su carta al Duque de Norfolk:

«la conciencia en este siglo ha sido sustituida por una falsificación de la que nunca se ha oído hablar en los dieciocho siglos anteriores, y por la que nunca hubiera podido confundirse. Es el derecho a la autodeterminación».

I no podem deixar de recordar aquests dies de lectures algo que leemos en Un mundo feliz, la distopía que Aldous Huxley (vegi ací un comentari dolço) escribió en 1932. Ya saben: en el futuro vivimos en un «Estado Mundial», Dios ha sido sustituido por un tal «Ford» (el ideólogo fundador), los niños no nacen sino que se decantan en frascos por castas «bokanovskificadas» o estandarizadas, no hay «padre» ni «madre», no hay matrimonio ni familia, el ser humano es condicionado desde bebé mediante la hipnopedia (repetición de consignas durante el sueño), los niños son sometidos a juegos eróticos constantemente y criados en los Centros de Condicionamiento del Estado, se ha abolido el amor a la naturaleza y la enseñanza de la historia, se enseña el odio a la familia, no hay dolor ni enfermedades, el consumismo es obligatorio.

Lo «antiguo» está prohibido y solo se permite lo «nuevo», un pequeño grupo de hombres «salvajes» vive en reservas, las relaciones sexuales son desvinculadas («todos somos de todos»), solo existe el presente, ser madre «es una obscenidad», no hay alma, «la TV funciona como un grifo abierto desde la mañana hasta la noche», juventud casi perfecta hasta los 60 años y después la muerte indolora, se evita a toda costa la soledad, els morts es reciclen per fer bé al planeta, las parodias de la Eucaristía acaban en orgías y las mujeres llevan una «cartuchera maltusiana» llena de anticonceptivos y abortivos.

Para superar el vacío existencial, todos tienen a su disposición el «soma» («cristianismo sin lágrimas», en diuen), una droga que alivia cualquier preocupación. Se ha sustituido la belleza y la verdad por la comodidad y la «felicidad». Felicidad absoluta per a tothom, escolti. Una tiranía feliz.

Troba que s’assembla a com vivim avui? Pues claro que sí, pero no lo diga muy alto o le aislarán en el destierro, como sucede en la novela.

I tot això què té a veure amb en cardenal Newman?

En una cenital escena al final de la novela, un «salvaje» conversa con el Interventor Mustafá Mond, el mandamás regional del mundo feliz. Mond abre una enorme caja de caudales donde guarda los libros prohibidos. Y comenta, enseñando la Biblia y la Imitación de Cristo:

«Existió un hombre que se llamaba cardenal Newman (…) escuche lo que decía (…): «No somos nuestros propios dueños, somos propiedad de Dios (…) la independencia no fue hecha para el hombre, es un estado antinatural que puede sostenerse por un momento, pero no puede mantenernos a salvo hasta el fin. (…) Dicen que el temor a la muerte y a lo que sigue a la muerte es lo que induce a los hombres a entregarse a la religión cuando envejecen. Pero mi propia experiencia me ha convencido de que (…) el sentimiento religioso tiende a desarrollarse a medida que la imaginación y los sentidos son menos excitables, entonces nuestra razón halla menos obstáculos en su camino, se ve menos ofuscada por las lágrimas, los deseos y las distracciones en que solía entretenerse. Ese es el momento en que Dios emerge como desde detrás de una nube y nuestra alma siente, ve, se vuelve natural e inevitablemente hacia el manantial de toda luz, porque ahora que todo lo que daba al mundo de las sensaciones su vida y su encanto ha empezado a alejarse de nosotros (…) sentimos la necesidad de apoyarnos en algo permanente, en algo que nunca puede fallarnos, en una realidad, en una verdad absoluta e imperecedera. Sí, inevitablemente nos volvemos hacia Dios«.

Mond prosigue:

«‘Solo podéis ser independientes de Dios mientras conservéis la juventud y la prosperidad; la independencia no os mantendrá a salvo hasta el fin’. Bien, el caso es que actualmente podemos conservar y conservamos la juventud y la prosperidad hasta el final. ¿Qué se sigue de ello? Evidentemente, que podemos no depender de Dios. ‘El sentimiento religioso nos compensa de todas las demás pérdidas’. Pero es que nosotros no sufrimos pérdida alguna que debamos compensar; por tanto, el sentimiento religioso resulta superfluo. ¿Por qué deberíamos correr en busca de un sucedáneo para los deseos juveniles, si los deseos juveniles nunca desaparecen? (…) ¿Qué consuelo necesitamos si contamos con el soma? (…) Un hombre civilizado no tiene ninguna necesidad de soportar nada que sea desagradable«.

Autodeterminació, independència… mots que ens repeteixen com alliberadors en la cultura del catadísneico «món feliç», pero que en realidad nos esclavizan, destruyen nuestra naturaleza, nos someten a sus tiránicos dirigentes mientras nos atontan con el soma del bienestar, las redes sociales y el sexo.

Agost? Un bon moment per rellegir a Huxley… i al Dr. Newman.

Dolça i somatitzada Catalunya…



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4 comentarios

  1. Estupendo artículo.

  2. Todo lo que sea concentrar el poder en los políticos acaba siempre en esclavitud.

    ¿Os imagináis un gobierno perpetuo de Pedro Sánchez o Rajoy?

    Pues estamos en ello.

    Primero nos quitan a Dios (laicismo anticatólico y principios republicanos antidemocráticos); luego, nos quitan los hijos («los hijos son del Estado») y la testosterona («justicia social «); finalmente sólo queda terminar de des-construir la economía, de modo que «NO TENDRÉIS NADA Y SERÉIS FELICES» (como en la Rusia de Stalin)…

    Evidentemente merecemos bien merecido este castigo por votar una y otra vez nuestra ruina.

    Y que conste que en 1978 salíamos con ventaja.

    No sé qué espera tanta gente con ser como los cubanos, si todos están como locos para escapar de su infierno ilustrado…

    Parece que durante el camino, los corruptos políticos, con la ideología, también nos han robado el sentido común y la capacidad de pensar.

    • Hoy se rechazan y dudamos de los postulados, retraídos, invitando razonarles ante tanta purpurina o mentira, conculcando promesas políticas o religiosas, falsa moral, que no llevan a ninguna parte, aunque estén todas partes. Se nos ha robado el alma, y rebelarnos, es apartarnos aún más del sentido, calificándonos los impostores de fascistas, aunque los que instrumentan estas adjetivaciones, no sepan lo que es fascismo y menos lo que es mentira.
      Ellos viven su propia mentira, la que transmiten, y engañados ellos mismos, buscan engañarnos, robándonos solamente tiempo, cuando les escuchamos, tiempo que podríamos dedicar comunicarnos con los nuestros o leer un buen libro, donde llevados a aventuras o amores ficticios, nos invita a vivir sueños, y soñar es bonito en un mundo donde soñar está nos lo han prohibido.
      Nos hemos vuelto tan listos que nos aburre y preocupa, nuestra inútil sabiduría, rodeados de gentes, cierto, pero inmensamente solos en el laberinto del que no vemos la salida.

      • La única salida es lo que recomendaba Pascal para creer en Dios:

        «ARRODÍLLATE Y REZA»

        Y yo añadiría: «EL ROSARIO», + dejar de pagar la «justicia social-ista» con préstamos del BCE que no podemos devolver.

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