I per culpa dels partits polítics que només cercaven el botí del poder.

El 7 d’abril de 1933, Agustí Calvet Gaziel profetitzà des de La Vanguardia lo que tothom veia venir. Gaziel era fill de Sant Feliu de Guíxols, i estava considerat el millor periodista de l’època amb en Josep Pla:
«La república no satisface a nadie (…) Para colmo de dificultades, los partidos políticos, los únicos que podrían corregir ese hondo y oscuro sentimiento catastrófico de la ciudadanía (…) se han tomado la república como un campo de agramante o un puerto de arrebatacapas (…) El régimen les importa un bledo. Lo que quieren es repartirse el botín del poder. Porque, suponiendo que la república marchase muy bien, si no han de gobernarla ellos ¿qué importa la república? Hace ya varios años estamos presenciando inverosímiles esfuerzos de las oposiciones para asaltar el comedero político (…) No hay decoro, ni desilusión, ni ridículo, ni batacazo, ni mucho menos sentimiento de la conveniencia pública, que puedan atajar ese gesto rapaz. Es fisiología pura. Y si eso hacen los elegidos del pueblo, ¿qué queréis que haga el pueblo? (…)
Forzosamente: esto acabará mal. Cambiamos de régimen, pero los españoles no hemos cambiado. Bajo la república, como bajo la monarquía, seguimos siendo lo mismo: individualistas feroces hasta la podredumbre (…) Y -de no venir una conversión casi milagrosa- es inevitable: esto acabará mal«.

En 1933 era evidente para cualquier espectador assenyat que la república s’autodestruiria i acabaria molt malament. Hace ahora 90 años del Alzamiento y el inicio oficial de la Guerra Civil. Los ideólogos nacionalistas e izquierdistas nos lo recuerdan, pero ocultan que fueron precisamente estas ideologías las que trajeron la destrucción de nuestra convivencia. Nosotros recordamos la realidad, para que lo que hoy va por mal camino se enderece, y nadie deforme la historia para enfrentarnos de nuevo.
Dolça i malacabada Espanya…

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