Un santàs molt relacionat amb Catalunya.

Hoy celebramos los 504 años de la conversión de San Ignacio de Loyola, el menor de 12 hermanos, caballero y militar, soldado de Carlos I, evacuado del sitio de Pamplona con la pierna destrozada, obligado a una larga recuperación en el caserón de Azpeitia, donde leyendo vidas de santos se dio cuenta de que la vida es una elección: luchar bajo la bandera del Rey Jesucristo o bajo la de Satanás de Babilonia.
Ya recuperado pero cojo, lo dejó todo y se vino andando a Barcelona, con ánimo de embarcarse para Tierra Santa. A casa nostra va vetllar armes davant la Mare de Déu de Montserrat (encara s’hi pot veure la rèplica de l’espasa), va escriure els fabulosos exercicis espirituals a la cova de Manresa y mendigó en las gradas de Santa María del Mar. Hoy Manresa parece Tánger y a la Cueva apenas va nadie, que los catalanes tienen otro idolillo y seguramente haya ya más manresanos musulmanes que católicos.
Más tarde fundaría en Montmartre la Compañía de Jesús, caballería ligera del Papa, frontera ante la herejía y vanguardia de evangelización y ortodoxia, perseguidos por déspotas y masoncetes iluminados… hasta que el modernismo penetró también en sus filas y la mundanizó, inutilizando buena parte de sus obras y reduciendo sus efectivos a apenas un tercio en algo más de medio siglo.

A Catalunya devem molt a la Companyia, però també hem vist la seva decadència en la idolatria nacionalista. ¿Cómo olvidar, por ejemplo, al padre Enric Puig Jofra, metido a político como Director General de Juventud con Pujol y encargado de convertir las escuelas cristianas en madrasas lazis mediante el Programa 2000 de nacionalistización total? Puig dirigió la comisión «Església» de dicho Programa, y fue miembro de la comisión «Societat Civil». Dirigí també la Fundació Escola Cristiana de Catalunya, que según el informado Oriol Trillas «ha realizado una verdadera labor de ingeniería cultural, pasando de cristianizar alumnos a convertirlos en militantes del secesionismo». Sense aquest nefast jesuïta segurament encara hi hauria escola cristiana a Catalunya, y los colegios jesuitas no serían hoy franquicias educativas para proveer flujos de caja a la Compañía.
El gran Víctor Cucurull y su Institut Nova Història afirman que San Ignacio de Loyola era en realidad Sant Ignasi d’Oriola (Orihuela, Alicante): un català dels Països Catalans, és clar. Cuando llega la decadencia nacionalista, llega a todas partes.
Potser ens ajudarà avui recordar el gran Sermó de Dues Banderes, referent dels Exercicis Espirituals de Sant Ignasi escrits a Manresa, per entendre de què va la lluita dolça. Porque en la vida hay 2 banderas:

«la una de Cristo, sumo Capitán y Señor nuestro, la otra de Lucifer, mortal enemigo de nuestra humana natura. (…) Cristo llama y quiere a todos debajo de su bandera, y Lucifer, al contrario, debajo de la suya.
El primer punto es imaginar, así como si se asentase el caudillo de todos los enemigos en aquel gran campo de Babilonia, como en una grande cátedra de fuego y humo, en figura horrible y espantosa. El considerar cómo hace llamamiento de inumerables demonios, y cómo los esparce a los unos en tal ciudad y a los otros en otra, y así por todo el mundo, no dejando provincias, lugares, estados, ni personas algunas en particular. El considerar el sermón que les hace, y cómo los amonesta para echar redes y cadenas; que primero hayan de tentar de cobdicia de riquezas, como suele, “ut in plúribus”, para que más fácilmente vengan a vano honor del mundo, y después a crecida soberbia; de manera que el primer escalón sea de riquezas, el 2.º de honor, el 3.º de soberbia, y destos tres escalones induce a todos los otros vicios. (…)
El considerar el sermón que Cristo nuestro Señor hace a todos sus siervos y amigos, que a tal jornada envía, encomendándoles que a todos quieran ayudar en traerlos, primero, a suma pobreza espiritual, y si su divina majestad fuere servida y los quisiere eligir, no menos a la pobreza actual; a deseo de oprobrios y menosprecios, porque destas dos cosas se sigue la humildad; de manera que sean tres escalones, el primero pobreza contra riqueza, el 2.º oprobrio o menosprecio contra el honor mundano, el 3.º humildad contra la soberbia, y destos tres escalones induzgan a todas las otras virtudes”.
Es curioso descubrir en el nacionalismo el humillo azufroso de la codicia (3-5-10%) y la soberbia (somcollonuts), que segons Sant Ignasi són inici de tots els vicis, i les característiques de la bandera de l’infern. Que malgrat les nostres imperfeccions, pecats i pífies voluntàries, els dolços no seguirem mai conscientment.
Que Sant Ignasi ens faci pobres, senzills, valents i humils. Bona diada de Sant Ignasi i felicitats a tots els Nachos, també a l’Ignasi Garriga!
Dolça i ignaciana Catalunya…

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Ahora, entiendo lo del insulto: ¡ ese es un jesuïta!, ¡comportamiento jesuítico! Etc.
NO SOY MUY CREYENTE POR MI FAMILIA POR UNA DABAN POR LA OTRA CALLABAN PERO ME CAE BIEN SAN IGNACIOBUENA EXPLICACION
San Ignacio es el típico hidalgo español:
Apasionado, emprendedor y poco dado a los idiomas.
¡y encima papista!
San Ignacio de Loyola, nació en la casa torre de los López de Loyola, en el caserío próximo de Azpeitia y Azcoitia, entre montañas y caseríos es Iñigo el menor de trece hermanos
Con 15 años marcha a vivir Arévalo, con su familiar Juan Velázquez de Cuellar, contador mayor de los Reyes Católicos, donde pasó 11 años de su vida hasta los 26 años, y en la bella ciudad mudéjar paso su juventud, edad en la que se considera por los entendidos que es cuando se hace la personalidad del hombre. Siempre he visto en su obra más rasgos castellanos que vascos aunque se ha buscado, sin conocer las razones ocultar esta etapa de la vida del religioso.
En Arévalo era un niño burgués, hasta los 26 años que abandona la ciudad donde fue un joven más muy dado a las vanidades mundanas muy aficionado el ejercicio de las armas con el deseo de hacerse soldado y ganar muchas guerras y un tanto acomplejado a l no tener un físico muy agraciado. Su vida es un ejemplo a seguir y sus actos las de un hombre entregado a su fe.
Parece ser que su apellido por parte de padre es Ibañez y por parte de madre, Sánchez.
Lo de Loyola era por una finca del padre; no es un apellido.
Lo llevaba como señal de que era hidalgo.
Su nombre real no es Íñigo, ni Ignacio ni Iñaki, sino Eneco (vascuence); cuando pasó a Castilla para ser paje se lo cambió a Íñigo (castellano) y cuando estudiaba en París se lo cambió a Ignacio, que fue un santo más universal.
No sé lo del físico muy agraciado.
Si sé que en el sitio de Pamplona (?) contra los franceses, una bala de cañón le rompe la pierna. Cuando el hueso se suelda, se suelda mal, con lo que se cierra su carrera de cortesano (se ve la pierna torcida con las calzas). Le rompen el hueso para mejorar la pierna, pero el resultado fue un fracaso.
De ahí su crisis existencial que le llevó a intentar otra carrera.
Desde el padre Arrupe, los jesuitas han cambiado la sotana por la política y de ahí se puede comprobar que por ejemplo, ETA nació en un convento jesuita , que Arzallus era otro converso, que en Cataluña se practicó el mismo ideario y …..que un Papá jesuita (Francisco) tampoco ayudó a lavar la imagen de la institución fundada por San Ignacio
Parece que los ex jesuitas arrupistas, en cuanto pudieron, eligieron la bandera de Satanás en vez de de la de Cristo Jesús…
…y que si se les diese la oportunidad, ellos exigirían una y otra vez soltar a Barrabás y crucificar a Jesús…
Bueno, ya lo sabíamos, pero como un vulgar pilatos porteño s.j. tenemos que decir:
«Quién soy yo para juzgar» (se entiende la sodomía, pero vale para todo)
Ahora, esto es una ventaja, no una maldición, porque estamos avisados.