Els nostres pintors: Isidre Nonell, el catalán que pintaba gitanos.

L’artista defugia dels tòpics artístics nacionalistes.

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A fines del siglo XIX Barcelona, convertida en el principal polo de la industria española, conocería su momento de mayor expansión urbana. Es probable que sin el dinamismo económico, la “Renaixença” catalanista jamás se hubiera producido. Sin embargo la reivindicación de “la cultura catalana”, remontando a Verdaguer, no tenía el sesgo excluyente y monolingüe que luego ha querido atribuirle el nacionalismo catalán.  

La eclosión urbana de Barcelona, combinando carácter catalán, español y universal, fue eminentemente cosmopolita. Renovada desde el punto de vista cultural, supo albergar generaciones de artistas procedentes de todos los rincones de España, asumiendo formas de crear y de pensar diversas, tanto en castellano como en catalán. Así nacieron los grupos y movimientos artísticos locales que han escrito las mejores páginas de su historia reciente.

Un buen número de pintores barceloneses y foráneos tenían su centro de reunión en el café Els Quatre Gats, dónde se conocieron y compartieron sus inquietudes : entre ellos el gran Pablo Picasso (que no se olvide era malagueño), Santiago Rusiñol y Prats, Hermenegildo Anglada y Camarasa, Josep Maria Sert y Badía, Joaquim Sunyer y de Miró, Ramón Casas y Carbó, Joaquim Mir y Trinxent, Ricard Canals y Llambí y otros muchos como Isidre Nonell y Monturiol.

Isidre Nonell pertenecía a una familia acomodada, pero nunca encajó con la sociedad burguesa de la cual provenía. Formó inicialmente parte de la “Colla del Safrà” por el tono azafrán en las creaciones pictóricas que se identificaban con ese grupo. Sin embargo, forjó su personalidad artística con temas originales. Abordó personajes aquejados de cretinismo, gitanas, mujeres envejecidas y gentes desfavorecidas, que lo alejan de la estética noucentista catalana y del academicismo por lo general imperante en el resto de España.

Isidre Nonell inició una evidente evolución personal que, en su madurez, lo condujo hasta un universo pictórico propio. Su temática tenebrista lo conecta no obstante con la “pintura negra” española y especialmente con Darío de Regoyos, José Gutiérrez Solana e Ignacio Zuloaga Zabaleta. Además, tras una estancia en el París post impresionista, acusó el influjo de la Ville Lumière y su maestría pictórica se vio enriquecida, al igual que conocería nuevas tendencias políticas e ideológicas que influirían en su forma de pensar.

En tal aspecto cabe cuestionar porqué este artista tuvo una especial fijación por la temática “gitana”, muy alejada de las tentaciones “decorativas” y del ambiente regionalista catalán. Parece que Isidre Nonell además de ser un gran pintor, fue un persona sensible a la exclusión social y a esta cultura exótica que frívolamente se atribuye a tópicos españolistas.

El pueblo gitano, migrantes de origen indio, parece que penetró en el territorio de la Corona de Aragón en torno a 1415 en época de Alfonso V el Magnánimo y precisamente por Cataluña. Es por tanto evidente que la simplificación que a veces se imagina de los gitanos, como gentes meridionales ajenas a Cataluña, es absurda tras 5 siglos de convivencia.

Si existe una “nación” o un pueblo diferenciado y unos rasgos culturales “propios” en España esos son de los gitanos. Quizás Isidre Nonell, más allá del tópico, quería manifestar cierta pluralidad socio-económica y cultural de Cataluña, que la sociedad de su época no podría reconocer porque el nacionalismo, imperante en Europa, no concebía la diversidad. Seguramente Isidre Nonell era un hombre profundamente culto y adelantado a su tiempo. Quizás, siendo muy consciente de sus propias raíces culturales, no concebía la cultura catalana y española como algo fijo, delimitado e inmutable.

Ojalá en Cataluña, que era su tierra natal, pueda algún día admitirse que la “la cultura”, incluida la catalana, se forja y se perpetúa en la riqueza del bilingüismo, en la mezcla y en la diversidad. Lo cual no significa multiculturalismo, sino interculturalismo: el crecimiento de la cultura que preserva lo que tiene de valor, y hace suyo lo valioso de otras culturas.

bastoncillo



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2 comentarios

  1. Probablemente Ud ya sabe que los gitanos de Perpiñán hablan un catalán muy puro.

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