La festa major de La Coma degenera en aplec separatista.

El nacionalisme canvia els sants patrons agermanadors del poble per la polèmica bandera cubana.

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La Coma i La Pedra és una vila bosquívola i encisadora del Solsonès de 300 habitants. Per Sant Marc evangelista, el 25 d’abril, celebren la seva festa major. L’alcalde Marc Escarré es diu igual que el patró. Però ha decidit que ell serà l’evangelista del separatisme: l’eix de la festa major és ara un símbol polític inventat per un radical que signava els seus escrits com VICIME (Visca Catalunya Lliure i Mori Espanya). La cubana partidista presideix el cartell de les festes de tots.

La batasunització del poble ha empipat molts vilatans que no volen veure la seva convivència esberlada, i no estan disposats a capbaixar-se davant la imposició de símbols foranis. Alguns inclús ho demostren a internet.

La ideologia nacionalista manipula la història, les tradicions, els símbols i la concòrdia dels catalans. Cal superar-lo.

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2 comentarios

  1. Yo he siempre he admirado a los catalanes, los veía muy pragmáticos y capaces de contemporarizar con todas las ideologías democráticas. Aprovechaban la oportunidad de la Constitución y del Estatuto avanzando en su esencia como pueblo sin perder el norte de su historia. Desgraciadamente en los últimos años la intransigencia y la falta de respeto de muchos nacionalistas a otras ideologías ha producido la “batasunización” (que muy bien dice Dolça Catalunya, y que describe perfectamente el fenomeno), que no es ni mas ni menos que el odio y la división en una sociedad que ha sido modélica y el timón del progeso de España.

    • Estimado Endika:
      Una vez Dalí afirmó, con su chanza habitual, que como buen catalán era paranoico. Y creo que acertó muy bien el diagnóstico. Este tipo de personalidades pueden mostrarse coherentes, racionales e integradas, hasta que se descompensan y nos muestran todo lo contrario, ciertamente la locura, como este delirio de grandeza que ahora vive una buena parte del pueblo catalán. Esta bufé a la que estamos asistiendo, este rapto megalomaniaco que arrastra el independentismo con Forcadell y su “hoja de ruta” a la cabeza (a mí me parece una de las más desequilibradas) nos muestra claramente la naturaleza enfermiza de este proceso que apela continuamente al agravio y a la humillación que sufre Cataluña por parte del pueblo español.
      Esta admiración hacia Cataluña desde el resto del país, como usted bien explica, y que yo misma he observado con mucha frecuencia, ya que hace años que resido fuera de Cataluña, pasa desapercibida en la idiosincrasia del catalán, siempre más atento al hecho diferencial y al agravio comparativo, como buenos paranoicos que somos, como decía el gran Dalí.
      Pero el nacionalismo sólo prende donde puede prender, igual que a perro flaco todo son pulgas, por lo que los catalanes tenemos que sanar nuestras tendencias enfermizas, para evitar que ideas distorsionadas nos confundan y poder convivir en armonía con los demás. Tenemos que aprender a dejar de compararnos, a dejar de desconfiar y a crear nuestra identidad con mayor naturalidad, huyendo del perfeccionismo que nos constriñe, aceptandonos como somos, con nuestras luces y nuestras sombras, con nuestras singularidades, como todo el mundo en realidad, sin aspirar a ser motor, ni puntera, ni estandarte, ni ejemplo para nadie. Quizás entonces empezaremos a ser de verdad un pueblo más feliz y hasta más eficaz. Pero para sanar hace falta introspección y autocrítica, trabajo casi imposible para quien se encuentra en medio de un proceso delirante. Por eso mismo es importante que los demás adviertan la enfermedad de aquel que ni sospecha que la padece, sólo así podrán ayudarle. Los catalanes necesitamos ahora mucha comprensión y ayuda de nuestra familia, de toda España.

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