Jorge Bustos disecciona la pesadilla nacionalista

Puro romanticismo, decimonónico y ridículo, pero no menos peligroso.

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Jorge Bustos es una de las plumas jóvenes más destacadas de la actualidad, uno de esos escritores que te reconcilian con el periodismo y justifican el que inviertas tiempo y dinero en leer sus artículos. Entre ellos, sus crónicas parlamentarias publicadas en ZoomNews.

Vale la pena leer con atención su crónica del debate sobre el referéndum separatista que tuvo lugar el otro día en el Congreso de los diputados. Para abrir boca, sirvan algunos reveladores pasajes, empezando por el que aborda una caracterización del nacionalismo separatista catalán:

“Romanticismo tardío, pulsión decimonónica que no cesa, vigencia antiilustrada de las doctrinas del señor Herder que llevaron a Europa al desastre. Y junto al sentimentalismo grosero, sus primos hermanos: el moralismo, el paternalismo, la fabulación retrospectiva, el mesianismo comprado en los chinos que te vende a Gandhi y te da a Quico Homs, acodado sobre el reloj parlamentario. Nosotros, diputados del Parlament, peregrinamos limpiamente a la Meseta esteparia para ilustraros, para desasnaros un poco y podaros la lana facha de la dehesa, para iniciaros en esto de la democracia, que parece mentira, Señor, dame paciencia, seny mediterráneo. Y no es que las actuales bancadas de PP y PSOE reúnan muchas más lecturas que los rupturistas, pero al menos poseen mayor sentido del ridículo, ese que Pla siempre ponderó en la raza catalana y que parece haber naufragado entre pícaros y milhombres. Hoy, los sedicentes representantes de la vieja y admirable Cataluña han degenerado en pueriles Hansel y Gretel que aspiran a vivir en su patria de caramelo, que la cimientan sobre bases cariadas y que la defienden con fundamentos dialécticos nubosos y suaves como algodón rosa de verbena”.

Y, como no, fue Marta Rovira, la Demóstenes de Vic, la trituradora sintáctica fruto de la inmersión, la que llamó más la atención de Bustos, quien escribe al respecto:

“La enviada especial de Oriol Junqueras, Marta Rovira, desaguó una pieza especialmente nauseabunda. Después de unos educados abrazos a los portavoces espanyoles, mezclando el catalán con el castellano no siempre a voluntad para escarnio de la sintaxis, luchando a brazo partido por rivalizar en azúcar con el anuncio de Campofrío versión butifarra acabó construyendo la apoteosis del victimismo más infecto y el didactismo más naïf de que tenemos recuerdo, una mezcla entre Isabel Pantoja y Elsa Punset:

–El país se nos derrite en las manos. No tenemos recursos. No podemos hacer nada. La democracia es votar. Lo hemos intentado todo. Siempre hemos buscado el encaje amable en el Estado. No nos quieren como somos, como nos sentimos, como soñamos… Faltan kilos de sensibilidad democrática. Sus palabras, señor Margallo, no son formas de seducirnos a los catalanes. Solo recibimos improperios. Hemos encontrado una democracia en blanco y negro y queremos pasarla a color…

Tenemos vistos reproches de pareja en Mujeres y Hombres y viceversa más fríamente articulados que esta cremosa inmundicia hecha de superioridad moral, pataleta pija y chantaje lacrimógeno, capaz sin embargo de ablandar el corazón de Montoro cuando le da a la manivela del Fondo de Liquidez Autonómica.”

En definitiva, que como ha reconocido el propio Duran Lleida, el separatismo no necesita enemigos, basta con sacarlo a pasear y sus miserias salen a relucir de modo diáfano.

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Categories: En el Butifarrèndum, Huid del nacionalismo

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3 comentarios

  1. ¡Felicidades, qué análisis más certero y demoledor!

  2. Tengo el total convencimiento de que la Autonomía de Cataluña no se separara del resto de autonomías , a menos que lo votemos todos los españoles. Si los políticos catalanes anteponen su codicia a su responsabilidad en el resto de España no .

  3. Totalmente de acuerdo. Cuando tengo que hablar con alguno que se siente independentista (en los sentimientos no entro) siempre le digo que desde mi punto de vista es un ser anacrónico y reaccionario, o como ellos dicen, cavernario. Van contra la corriente europea, que es unir no separar. Incluso contra corrientes radicales tipo Putin, que en el fondo lo que quiere es volver a la URSS con otro nombre que no parezca una sociedad anónima. Y no sé lo que harán cuando tengan que negociar unos 100.000 tratados internacionales que tiene España, partiendo de cero. ¡Qué lío! ¡Qué susto como en Cartagena se olviden de descargar el gas o sufra una avería el gaseoducto! No hay que olvidarse, (ironía) que los españoles somos gente malvada, más que la madrastra de Blancanieves y nos puede dar por molestar.

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