El catalán de Granollers que evangelizó en Australia.

Hubo un tiempo en que en vez de venerar cubanas y enviar cartas al mundo mendigando algo de atención, muchos catalanes se lanzaban al mundo para cambiarlo.

GRIVER

Don Martin Griver y Cuní nació en Granollers el 11 de noviembre de 1814, en una familia de labradores modestos. Estudió con gran sacrificio latín y retórica en Vic, marchando después a Barcelona para estudiar filosofía y teología en el Seminario de la ciudad. La suspensión de órdenes religiosas por el gobierno anticlerical en 1835 le llevó a realizar estudios de médico-cirujano.

Sin abandonar la carrera eclesiástica, la Providencia le lleva Australia. Sólo hacía pocas décadas que habían llegado unos dominicos ingleses. Allí fue destinado a Nueva Nursia, una de las zonas desérticas del continente. Su formación médica fue indispensable para ayudar a los aborígenes. Un testigo nos cuenta sus rutinas: visitar a los enfermos, pasar las noches a su lado, curar sus llagas y males más repugnantes, peinar a los niños, limpiarles sus inmundicias, arrullarles y mecerles en su cuna, dormir con ellos cuando sus padres enferman”.

Su reconocida vida de entrega sacerdotal le llevan a ser nombrado Vicario apostólico, dando un impulso impresionante al catolicismo en un país esencialmente protestante: solicita nuevos sacerdotes, edifica la nueva catedral de Santa Maria, trae a los hermanos de La Salle, logra un acuerdo favorable con las autoridades inglesas para garantizar la enseñanza religiosa de las familias católicas; funda orfanatos y viaja continuamente, muchas veces solo, por todos los confines de su inmensa diócesis, preocupándose especialmente de los convictos y de los niños huérfanos.

Finalmente será consagrado obispo: el segundo obispo católico de Perth. En uno de sus viajes a su querida Barcelona, administraría los últimos sacramentos al obispo Urquinaona. Falleció en Australia en 1886, admirado y querido por propios y extraños, y está enterrado en la catedral de Santa María.

En Australia, Martín Griver está considerado un fantastic forebear. En la capital de Cataluña este catalán universal no tiene ni un callejón que le recuerde.

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3 comentarios

  1. Buenas tardes Dolça Catalunya:

    ¡Qué interesante noticia!, desconocía la figura y labor pastoral del obispo de Perth, el catalán y español D. Martín Griver y Cuní, fallecido en 1886. Parece ser tenía vocación evangelizadora fuera de serie y, pese a la etapa anticlerical que le tocó vivir en su juventud en España, consiguió finalmente ejercer su labor pastoral en Australia. En ese “continente”, donde buena parte de la población a fines del siglo XIX, eran católicos de origen irlandés. También emigraron desde entonces a ese país de soberanía británica, muchos españoles y catalanes en particular, entre ellos nuestro paisano de Granollers.

    La vida de D. Martín Griver y Cuní es un bello epílogo para recordar el protagonismo de España en la exploración y evangelización del Oceano Pacífico, que fue un lago español, descubierto a inicios del siglo XVI por el extremeño Vasco Núñez de Balboa y cuyo acceso marítimo fue franqueado por el manchego
    García Jofré de Loaysa, miembro de antigua familia murciana y aragonesa.

    El portugués Fernando de Magallanes, al servicio del rey de España Carlos I, descubrió las islas Marianas y las islas Filipinas. Uno de sus acompañantes, el vasco Juan-Sebastián Elcano, fue el primer hombre que dio la vuelta al mundo. El también vasco Andrés de Urdaneta,ex miembro de la expedición de Loaysa, descubrió la ruta de retorno desde Filipinas hasta Acapulco, atravesando el Pacífico Norte.

    A mediados del siglo XVI, el sur de Japón fue evangelizado por el navarro Francisco Javier y Cosme de Torres (cuya procedencia desconozco), convirtiendo entre ambos al catolicismo a la mayor parte de los habitantes de Nagasaki.

    Por su parte, Australia se llama así por los navegantes españoles que descubrieron el hemisferio “Austral” en nombre de la Dinastía española “de los Austria”. El descubridor de Australia, a principios del siglo XVII, parece que fue el navegante Luis Vaz de Torres (o Vaéz de Torres) que dio su nombre al “Estrecho de Torres” entre Australia y Nueva Guinea. Este marino era de origen al parecer gallego (aunque otra hipótesis sugiere que fuera portugués), sin embargo es más lógico lo primero porque según la documentación, siempre estuvo y desarrolló su vida a las órdenes de la “Corona española”.

    La presencia española duró cuatrocientos años en Filipinas e Islas Marianas, sobre todo en la Isla de Guaján (hoy Guam) cuya posesión corrió a cargo de Miguel López de Legazpi. Es la mayor del archipiélago de Carolinas (del tamaño de la Isla de La Palma). Fue evangelizada por el jesuíta burgalés Diego de San Vítores, que obtuvo una parcela en Agaña cedida por el rey de la tribu local. Hoy Guam es un protectorado (fideicomiso) norteamericano por cesión de España en 1898, tras la guerra de Cuba.

    En Agaña, capital de Guam, el centro de la ciudad es “la plaza de España”, junto a la catedral de “Santa María” (reconstruída sobre las ruinas de la catedral de San Vítores, bombardeada por los americanos cuando la isla estaba bajo ocupación nipona). Los japoneses esclavizaron a la población, y acabaron con la mayor parte de la élite local hispanohablante. El inglés es hoy la lengua franca de la isla, pero un treinta por ciento de la población de Guam y Marianas, continúa hablando “chamorro”, idioma local al cincuenta por ciento de léxico polinesio y otro cincuenta español.

    La historia e identidad de Filipinas es indisoluble con la de España, aunque hoy se haya perdido el español como lengua franca, a favor del inglés. Los filipinos tienen una cultura mixta, con muchísima influencias españolas. Incluso persisten dos lenguas de origen español, el zamboango y el chabacano. Los apellidos españoles fueron adoptados por todos los filipinos, a iniciativa del gerundense Narciso Clavería y Zaldúa, Capitán General de las Islas en 1849 , para que los habitantes del país fueran registrados a efectos administrativos y fiscales.

    Otra anécdota de Filipinas, relacionada con Cataluña, son los cinco soldados catalanes en la guarnición de Báler, misión católica dónde resistieron once meses “a la numantina”, cincuenta y tres militares españoles y algunos otros religiosos y médico, apodados los “últimos de Filipinas”, frente a los insurgentes tagalos y tropas estadounidenses. No se rendían porque no podían creer que España hubiera cedido el territorio a los Estados Unidos.

    Las islas Palaos y Carolinas, que también fueron nominalmente españolas. Al margen, todavía hay un conjunto de atolones deshabitados, las islas de Coroa y Pescadores que, teóricamente, continúan bajo soberanía española, pues nunca fueron cedidas a ninguna potencia, como se puso de manifiesto en una investigación del CSIC de 1945. Al gobierno de Franco le pareció un disparate reclamarlas a estas alturas y de este modo también privaron a muchos quintos de la época una mili que sería, en cualquier caso privilegiada, en un paraíso tropical. Allí están esos peñascos, tan vírgenes y deshabitados como siempre. Esperemos que no se les ocurra a cualquier grupo turístico español, reclamarlas para ressort turístico.

    En fin, un poco de historia resumida de los españoles en el Pacífico, cuando ejercían de tales con grandeza. Me encanta esa patria humana, noble, plural, emprendedora, aventurera, con aspectos positivos y negativos, que ha caracterizado a España a lo largo de la historia.

    Seguramente siempre ha estado compuesta de gentes muy diversas, muchos orgullosos de sus particularismos identitarios o locales, pero coordinados en torno a una visión, también propia y común, de valores que, por idiosincrasia común, cultura occidental o por cuestones religiosas, consideraban tan hispánicos como universales. Para mí una gozada.

    Con afecto.

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