Obispos catalanes quieren “trabajar por la reconciliación y la paz”

Pues dejen de sembrar discordia apoyando lo que divide Cataluña

servei poble

El nacional-progresismo catalán suele dictar la agenda de los obispos catalanes. Así ha vuelto a ocurrir con la reciente beatificación de 522 mártires de la persecución religiosa en España, que el nacionalismo ha aprovechado para exigir a los obispos que se disculpen por el apoyo de la Iglesia a quienes la salvaron de morir exterminada en la Guerra Civil.

Los obispos de la Tarraconense publicaron ayer desde Tiana un documento en el que reconocen, las “carencias y errores que, como miembros de la Iglesia, hayamos podido cometer en un pasado más o menos lejano, y humildemente pedimos perdón”. Además, dicen, “nos comprometemos a trabajar por la reconciliación entre todos los ciudadanos y por la curación de las heridas que aún pudieran quedar abiertas”, para alcanzar la paz entre todos los catalanes.

Si los obispos catalanes quieren hacer examen de conciencia y trabajar por la reconciliación de todos, sería bueno que se disculparan por hechos actuales que ellos mismos protagonizan.

Por ejemplo, los obispos catalanes podrían pedir perdón por:

– No enseñar que el nacionalismo es distinto del recto amor a la nación, y que esta virtud puede ser vivida en plenitud fuera de opciones nacionalistas. Así lo predicó Juan Pablo II en sus discursos ante la UNESCO (1980) y la ONU (1995).

– Predicar la lengua y no la Palabra, menospreciando el idioma de la mitad de los catalanes. Sólo el catalán es “lengua propia de la Iglesia en Cataluña: en la liturgia, en la predicación, en la catequesis, en los medios de comunicación social”, en “cualquier iglesia, capilla u oratorio, sea parroquial o no, incluidas las catedrales y las iglesias de religiosos” (Concilio Provincial Tarraconense, 1995). Algunos obispos (Sistach) van más allá y piden la enseñanza exclusiva en catalán, a pesar de las sentencias del Tribunal Supremo en su contra.

– Afirmar que Cataluña es un “país ocupado y oprimido”, y que “estar a favor de la independencia de Cataluña es moralmente legítimo” (obispo Novell, 2012), sin más matices. No se construye la paz deformando la realidad histórica con expresiones que fomentan el odio, y olvidando que el Magisterio no reconoce el derecho a la secesión unilateral, pues los procesos históricos de la formación de los Estados “no pueden ser ignorados ni, menos aún, distorsionados o falsificados al servicio de intereses particulares” (Juan Pablo II, discurso a la ONU, 1995)

– Apoyar el supuesto “derecho a decidir” (obispos Novell, Pardo, Vives), que según el presidente del think tank de CDC Agustí Colomines, es una chorrada que nos inventamos para no mentar la autodeterminación, ignorando que se puede volver contra las personas y convertirse en injusto germen de conflicto, exclusión y fractura social. Apoyando este “derecho”, los obispos menosprecian el derecho  que tienen los catalanes a no verse obligados renunciar a su plena identidad catalanoespañola, y olvidan el derecho que tienen los Estados al mantenimiento de su integridad, así como el bien que esto significa.

– Poner la fe al servicio del nacionalismo, ocultando la cruz de tantos campanarios con banderas, haciendo de nuestras iglesias mástiles de una ideología, y convirtiendo nuestros lugares de culto en locales para actividades de signo político excluyente.

Hace treinta años que los obispos catalanes toman alegremente el color de la hojarasca nacionalista circundante. Si nuestros obispos desean realmente trabajar por la reconciliación y la paz, es necesario que dejen de apoyar ideologías políticas que fomentan la fractura social y la discordia en el Principado, y que se decidan a ser padres de todos.

dolca



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