Que juega España, escolti.

A mucha gente le gusta el fútbol. Y les gusta también ver que los futbolistas de su país son un equipo diverso y polifacético, capaces de jugar a fútbol mejor que cualquier otro país. Segurament ens recorda que junts vam fer coses molt grans i podem seguir fent-les; que la división que nos trae la política es artificial y superable; que estamos más unidos que lo que nos dicen los políticos cada día. Y lo celebran mostrando la senyera de tots, la que nos une.
Com ara aquests dies els hotels de Salou, a Tarragona.
Lo cual nos hacer pensar que en 2010 por estas fechas, cuando España ganó el Mundial, vimos la mayor explosión de banderas nacionales en Cataluña desde hacía al menos 35 años. Mai vist, però superat el 8 d’octubre de 2017. Un observador tranquilo se habría dado cuenta entonces de que el prusés, que la Generalitat estaba a punto de poner en marcha, fracasaría.
Endavant Espanya!
Dolça i unida Catalunya…

Categories: Mejor juntos
Q fascistas y violentos machistas estos españoles ultras, nada que ver con los dulces morapios q reparten amor por toda europa, especialmente a las mujeres. Las trols de izm13rd4 lo saben bien
Han venido los mejores
https://okdiario.com/mundial/marroquies-desatan-caos-londres-paris-caer-del-mundial-incendios-peleas-agresiones-mujeres-18967405
Los catalufos siempre andan haciendo de camisaspardas, porque han sido programados para ello. No tienen capacidad de reflexionar, ni de entender la realidad, ni de analizar la Historia, cultura, etc. Son un hatajo de borregos obedientes a sus amos.
A los borregos les va fatal.
A los amos muy bien.
Catalanismo.
Enhorabuena al hotel de Salou por saber atraer a clientela de primera y no a endogámicos esquizofrénicos que se odian.
La presencia de mafias en Salou se vincula principalmente con redes internacionales de narcotráfico y organizaciones dedicadas a la falsificación y distribución de productos (top manta).
Yo he estado una sola vez en Salou, a principios de la década del 2000, y solamente me detuve para comer en un restaurante.
Prefiero veranear en Sant Pol de Mar, en Santa Susana o en Sant Antoni de Calonge.
Lo de «Sant» o «Santa» ya es una garantía de que el municipio en cuestión es una maravilla. Y no falla. Son tres municipios muy bellos y muy tranquilos. Recomiendo visitarlos.
No soy futbolero. Pero anteayer, (o quizá fue el lunes o el martes), a las 23:30 h de la noche, en todo el distrito barcelonés de Les Corts, vi a muchísimos chicos y -sobre todo- a muchísimas chicas, todos ellos muy jóvenes, con la camiseta de «La Roja» y con la cara pintada con los colores de la bandera de España.
España, 1 -vs.- Portugal, 0. ¿Fue ese partido? Podría ser. Como no sigo el fútbol…
Pero me gusta mucho andar. Y fui testigo de las muchísimas caras pintadas con los colores de la bandera de España. Sin miedo a cruzarse con algún piojoso de la CUP o de Arran.
«Y viva España» (1973), como cantaba el gran Manolo Escobar (1931-2013).
El encantador hispanismo de Dolça Catalunya la lleva siempre a ver virtudes hispánicas en cualquier manifestación atribuible a la rojigualda. Seguro que esto es mejor que lo contrario, pero el hecho de que tanta «hispanofilia» -ahora ya no hablo por Dolça, sino en general- solo se manifieste en el puntapié a una pelota, me parece sospechoso: cada día aparecen en la prensa común -en la especializada no digamos- avances científicos y técnicos espectaculares llevados a cabo por españoles; por españoles que no solo no cobran -ni de lejos- las millonadas que perciben los de la patada sino que, encima, trabajan con una precariedad de medios que asusta (y admira, claro). Y estos verdaderos genios, estos sabios, estas mentes brillantes apenas reciben el aplauso de sus colegas: no hay multitudes jaleándolos con el ondear de miles de banderas españolas (que jamás aparecen en ese número -ni lejanamente- un 12 de octubre, pongo por caso).
Lo del fútbol me huele, sencillamente, a nacionalismo, a nacionalismo cutre y barato (como todos los nacionalismos, por otra parte) porque también existe un nacionalismo español, un nacionalismo ciego -y bastante estúpido- que funciona con exactamente los mismos parámetros que los de las cubanas, solo que cambiando la geometría simbólica.
Ya sé que es recurrente, pero hay que ir a lo que dijo Ortega: «No es eso, no es eso…»
Porque lo de ‘citius, altius, fortius’ bien hubiera podido ser (y a Berlín 1936 me remito) una consigna hitleriana.
A mi tampoco me gustan las cosas nacionalistas.
Pero el caso es que, lo queramos o no, somos una nación, con sus beneficios y sus perjuicios, con su lado bueno y su lado malo. Como todas.
El caso es también que nuestra comunidad nacional está siendo atacada para dividirnos y enfrentarnos por políticos, ilustrados y extranjeros desde 1808. Y les ha funcionado demasiado bien:
Pérdida y balcanización de los reinos americanos, 4 guerras civiles en España (sin contar las guerras civiles en América, que duran entre 10 y 20 años), golpes de Estado para imponernos repúblicas masónicas ilustradas, social-peperismo corrupto y ladrón que nos está cubanizando, el +3% de impuesto revolucionario, , «desamortizaciones», «anticatolicismo de Estado»…
Bien, pues resulta que mientras que suframos los ataques que nos dividen, tenemos que promover todo lo que nos une; es decir, justamente lo contrario.
En estas situaciones de torneos, que sociológicamente son siempre guerras simbólicas, hay unos que ganan y otros que pierden. Cuando los equipos representan a la nación, es la nación la que gana (y se sentirá bien) o la que pierde (y se sentirá unida). Esto es ciencia.
Por tanto celebremos con alegría estas oportunidades en que nuestros familiares, amigos y vecinos tanto disfrutan y que ayudan a formar comunidad.
Además, frente a la leyenda negra de nuestros seculares enemigos y masones tenemos que fomentar lo que promueve nuestra autoestima.
¿Que alguien se lo toma demasiado en serio?
Pues por algo será, ¿no cree?
Además en Cataluña, en que hay 45 años de propaganda oficial obsesiva y continua antiespañola para fabricar la «nación catalana», el triunfo de La Roja ayuda a recordar a todos, especialmente a los perseguidos por los nacionalistas-monclovitas, que seguimos siendo españoles.
Recuerde también lo que pasó cuando La Roja ganó el mundial, y que fue el principio del fin del pujolismo.
(Ya se habrá dado cuenta cuántos jugadores del Barça juegan en esta competición y cuántos del Madrid)