Así fue Clapton en Barcelona

Només blues inoblidable.

Anoche Eric Clapton llenó el San Jorge de Montjuich.

Traje ancho marengo, camisa azul María, canas con raya al medio, gafas de concha y su Stratocaster negra que solo cambió por la Martin para tocar sentado blues del delta. El guitarrista de Ripley que se casó con la mujer de su mejor amigo, el Beatle George Harrison, tiene 81 años y lo ha visto todo. Ahir no va dir ni hola, ni adéu, ni Barcelona; prou deu tenir amb estar més d’una hora dempeus carregant els 4 kg de la Blackie sota els focus, que por cierto son muy modestos y no intentan despistar al público del verdadero espectáculo.

La gente lo entiende y le da igual. Raro alguien por debajo de 50. No están para cumplidos después de 22 años sin ver al tipo vertical que toca con la guitarra clavada a la cadera y los pies juntos como Manolete.

Arrancó con los arpegios de Badge y se lanzó al blues de Chicago con Key to the highway y Hoochie coochie man. Clapton no lleva meteorejas, a su guitarra le cuelga el cable como antes y se escucha por pantallas de suelo. Todo es auténtico. Le acompañó su fiel y simpático Nathan East, con un bajo de 5 cuerdas para poder meterse en agudos; él y las 2 coristas cubren a Manolenta con voces en toda la escala. A la guitarra rítmica, abrigado con una especie de chaleco de nutria y banda en la cabeza, el tejano zurdo Doyle Bramhall, hijo del batería del legendario bluesman Lightnin’ Hopkins. Enterrado en cajas y metal Sonny Emory, que passa els 63 però està com un toro; fue el único que sudó. En los teclados pianeros Chris Stainton, de 82 años, célebre por acompañar a Joe Cocker; y Tim Carmon en órgano y Nord, de tocar en la iglesia a acompañar a Clapton desde 1998. Todos muy cerca en el escenario, que flanquean los teclistas. Però que ningú es pensi que interaccionen com si tinguessin 30 anys; se lo pasan bien con la música y punto.

El reggae I shot the sheriff dio paso a la parte acústica: Kind hearted woman, Nobody wants you when you’re down and out, Golden ring, Layla, Tears in heaven. La guitarra sonoritzada a l’aire i n’East amb el contrabaix. Nadie esperaba el rearranque eléctrico con la conmovedora Holy Mother, la canción que Clapton dedicó a la Virgen María, pero parece que el artista quiere dejar claro cuáles son las imprescindibles de su repertorio. Y la vieja Crossroads, y Little queen of spades para que se luzca cada músico en solitario y nadie olvide que en Robert Johnson és el mestreblues d’en Clapton. Cocaine da paso al único bis, Before you accuse me, que despega sin riff directamente en ritmo sobre mi.

Y se acabó. 1,5 horas de arte sin disfraz.

El dolço que ens ho explica diu que va ser inoblidable. Segurament també històric per a tots els admiradors de Slowhand. Gracias, Mr Clapton, por una noche de blues con ud. No nos pudimos saludar, pero quizás sabrá nuestro nombre si nos vemos en el cielo.

Dolça i musical Catalunya…



Categories: Arte dulce

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3 comentarios

  1. ¿Por qué la gente prefiere escuchar canciones en inglés, tanto del Reino Unido como de los Estados Unidos?

    Con lo bonito que es escuchar canciones en español, tanto de España como de Hispanoamérica.

    El rock en español también existe. No solamente en España, sino también en Hispanoamérica.

    Luego nos quejamos de que se nos impone «Lallengua» (el catalán), pero no somos consumidores de música en español, ya que preferimos música cantada en inglés.

    De cuando grabábamos canciones en inglés, de las emisoras de radio, en una cinta de casete virgen de 120 minutos de duración, y en el cartoncito escribíamos el título de la canción a nuestra manera: «A wachu-wachu tu gou tu da bich (beach), let’s gou tu de mai frend». Porque todavía éramos unos niños y no sabíamos ni papa de inglés.

    Y rezábamos para que el locutor no interrumpiese la canción. Casi siempre se ponía a hablar a mitad de una canción que nos gustaba. Nos quedaba un «mix» muy cutre y luego torturábamos a nuestros padres exigiéndoles que pusieran la cinta de casete de 120 minutos de duración en el coche, desde Barcelona hasta La Coruña. Si había que escuchar varias veces la misma cinta de casete de 120 minutos de duración, se escuchaba todas las veces que hicieran falta.

  2. Soy más jevi que llover hachas.

    Pero cuando Dolça Catalunya, se nos pone cursi: cursi total 🤣🤣🤣 «traje ancho marengo, camisa azul María, canas con raya al medio, gafas de concha y su Stratocaster negra que solo cambió por la Martin para tocar sentado blues del delta.»

    Ande haiga una Gibson gringa, o Ibanez japo: que se quiten las guitas posturetas.

    Grande, Eric Clapton.

  3. Yo estoy en las antípodas.

    Mi música favorita es el «italo disco» y el «high energy» de los 80. También el «eurodance» y el «hard techno» de los 90.

    Además, siempre me ha gustado muchísimo la música subsahariana (países como Costa de Marfil, Camerún y República Democrática del Congo) y la música hispanoamericana (en especial, la música caribeña). También toda la música del Caribe no hispano (en especial, el reggae y el zouk). Sobre todo, de la segunda mitad del siglo XX.

    Y esta es la música que yo suelo escuchar.

    De hecho, el año pasado me encontré por la calle, junto con otros CDs de música, un CD de Eric Clapton titulado «Slowhand». Se trata de una reedición en CD, editado por «El País» en el 2003, de un álbum grabado en 1977. Así que si alguien tiró el CD a la basura, muy buena música no debe ser.

    También, entre los CDs, había una recopilación de éxitos de la cantante brasileña Astrud Gilberto (1940-2023). Una edición de 1997. Que, aunque no soy un experto en «bossa nova», tampoco está tan mal. De hecho, está bastante bien. Es una voz femenina muy agradable de escuchar.

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