«Identificar el origen del mal en una causa exterior». ¿Le suena?

Un filòsof radiografia del cor del nacionalisme.

Cualquier mirada clara sobre el nacionalismo que abacora a Cataluña se da cuenta de que el corazón de esta ideología es la soberbia del egoísmo. El nacionalismo es a los pueblos lo que el egoísmo a los individuos. El papa Benedicto XVI -uno de los filósofos más profundos del último siglo- va escriure el 2010 una interessant reflexió que ens ajuda a entendre el cor del nacionalisme:

«Podemos ver en la reacción de los fariseos una tentación permanente del hombre: la de identificar el origen del mal en una causa exterior. Muchas de las ideologías modernas tienen, si nos fijamos bien, este presupuesto: dado que la injusticia viene “de fuera”, para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en práctica. Esta manera de pensar ―advierte Jesús― es ingenua y miope. La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. (…)

Sí, el hombre es frágil a causa de un impulso profundo, que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunión con el prójimo. Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original. Adán y Eva, seducidos por la mentira de Satanás, aferrando el misterioso fruto en contra del mandamiento divino, sustituyeron la lógica del confiar en el Amor por la de la sospecha y la competición; la lógica del recibir, del esperar confiado los dones del Otro, por la lógica ansiosa del aferrar y del actuar por su cuenta, experimentando como resultado un sentimiento de inquietud y de incertidumbre. ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor?

Para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticia. En otras palabras, es necesario un “éxodo” más profundo que el que Dios obró con Moisés, una liberación del corazón, que la palabra de la Ley, por sí sola, no tiene el poder de realizar».

Difícil retratar millor el cor del nacionalisme. El patriotisme obert, agombolador i amorosívol construeix els pobles; el nacionalismo egoísta los destruye.

Fugim de l’egoïsme. Fugim del nacionalisme.

Dolça i egoïstitzada Catalunya…



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4 comentarios

  1. Justamente por eso mismo los marxistas y los nacionalistas son unos mediocres, unos envidiosos y unos perdedores: Echan la culpa de lo que les pasa a los demás, por lo que nunca pueden arreglar lo que sea o hacer el esfuerzo que necesitan para mejorar o prosperar.

    Entonces esos partidos están hechos a medida de sus socios y de sus votantes.

    El problema es que los partidos institucionalizan en la sociedad la ideología que defienden -en este caso la mediocridad, la envidia y el fracaso-, promoviendo esos contravalores en partes de la población y asegurando a los que ya los tienen que tienen razón.

    Y cuando esos partidos llegan al poder, ¡adivina qué contravalores van a imponer a toda la sociedad a través del B.O.E.!

    Pues la mediocridad, la envidia y el fracaso…

    Sí; los marxistas y nacionalistas, paridas de los ilustrados, philosophes e intelectuales, llevan 2 siglos seguidos intentando destruir la civilización occidental «racionalmente» con contravalores que en cualquier sociedad humana existente desde que el hombre es hombre son condenadas porque atacan al hombre y/o a la sociedad.

  2. «La culpa de todo es de Franco.» XD

    Siempre se echa la culpa a personas ya fallecidas. Estas personas ya no se pueden defender.

    Hubo una procuradora de los tribunales (una mujer) que echaba la culpa a un abogado que había fallecido hace unos años de un cáncer. «Es que el contencioso lo hemos perdido por culpa del abogado, pues el muy h.p. «DECIDIÓ» (sic) morirse.»

    Me recuerda a la canción de «La cabra». «La cabra, la cabra, la p* de la cabra. (…) Y la muy p* se murió.»

  3. Qué hombre tan sabio, y qué pocos le hacen caso!

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