Passi i llegeixi la millor descripció mai feta del nacionalisme.

El 2023 es van publicar escrits i conferències que els anys 70-80 va fer en Gustave Thibon sobre un fenòmen que llavors molt pocs gosaven anunciar: la mort de les ideologies. Desde la invención del neologismo por Destutt de Tracy en 1811, Thibon reconocía que «la palabra ha tomado un sentido peyorativo: pensamiento desvinculado de lo real que se desarrolla de forma abstracta sobre sus propios datos, sin relación a los hechos reales»:
«Toda ideología -diu el mestre francès- reposa sobre la convicción de que la inteligencia humana es capaz de abarcar toda la realidad por sus solas fuerzas, de fabricar un patrón que le permitirá desencriptar el universo y al hombre, y todavía mejor -pues el saber es un poder- modificar la naturaleza y el hombre en función de la lógica de las ideas».
Así que la ciencia, la cultura y el arte deben plegarse a los imperativos ideológicos, e idolatrar el pensamiento del ideólogo que nos quiere imponer sus ocurrencias. Sembla satànic, oi?

I tot això d’on surt i com funciona?
«El germen de las ideologías está en Descartes, que busca el criterio del ser en el pensamiento: ‘Pienso, luego existo’. Las ideologías empiezan a florecer en el siglo de las Luces con el culto a la razón. (…) Las ideologías contienen una verdad en sus análisis, como los cortes anatómicos (los elementos cortados y aislados existen, forman parte del cuerpo), pero son falsas por la síntesis que pretenden reconstruir arbitrariamente a partir de los elementos observados y etiquetados que ya no une ningún principio vital (…) El anatomista es totalmente incapaz de rehacer un cuerpo vivo pegando los órganos disecados. (…) Pero eso es lo que hacen -y en el colmo de la audacia, con pretensiones científicas- los ideólogos, que extraen conclusiones universales de observaciones parciales. Son lógicos -demasiado- a costa de despreciar los hechos, que no son lógicos ni ilógicos, sino que simplemente son. Por eso Chesterton decía que ‘un loco es aquel que lo ha perdido todo, salvo la razón'».
El problema és que això no queda en despatxos de burgesets acèdics, sino que las ideologías se producen para fabricar sociedades a gusto de los ideólogos:
«Se pretende reconstruir la sociedad a partir de esquemas abstractos, elaborados en cerebros recalentados por su propia fermentación. Y los mentís de la experiencia, la refutación de la teoría por los hechos, no tienen peso alguno. ¡Los hombres mueren antes que abandonar sus teorías! La tiranía alcanza su máxima expresión. Cuando se sabe todo, se puede todo: Dios es a la vez omnisciente y omnipotente, el hombre divinizado ya no reconoce límites a su poder«.
La consecuencia es obvia: violència sense memòria en la història.
«Teniendo sus presupuestos por absolutamente puros y verdaderos, el fanático se rebela ante todos los desmentidos que le inflige la realidad, pero en vez de tolerar la desautorización prefiere suprimir al contradictor. Pero suprimir al contradictor no es suprimir la contradicción (violencia idealista). (…) El fanatismo de los ideólogos se expande entre las masas que intoxican con su propaganda, lo que constituye otra especie de violencia (violación de las masas)».

Thibon explica con un ejemplo cómo el fanático ideólogo deforma de la realidad para crear «monstruos sin entrañas» que traen una devastación sin precedentes:
«El patriotismo salido de 1789 [revolución francesa], donde la patria solo es el portaestandarte de la ideología revolucionaria. La idea de patria sustituye a la realidad de la patria, el nacionalismo reemplaza a la realidad de la nación. Las guerras ideológicas han reemplazado a las guerras de interés o de prestigio. Los intereses ciertamente subsisten, pero velados, justificados, absueltos por la ideología (…) Se convierten así en guerras totales, pues la idea, a diferencia de lo real, no conoce límites».
Però en Thibon hi detecta en les ideologies una altra novetat:
«El instinto religioso canalizado por las ideologías políticas y sus falsas promesas. Los cristianos, hoy desatentos al contenido de los dogmas, se apasionan y disputan sin fin por sus opciones políticas. Los hombres necesitan una fe, y lo político se la ofrece. Una fe sin trascendencia y sin misterio, fe en el hombre, pero tampoco en el hombre: en una secreción abstracta del cerebro humano«.
No es fácil encontrar una descripción más certera de lo que son las ideologías. Pero el francés se supera en su conclusión: «Son el fruto más venenoso del pecado original. Ese pecado que Bossuet definió con esta fórmula prodigiosa: ‘El hombre cayó de Dios sobre sí mismo'».

Todo lo que lee arriba es una descripción perfecta de nacionalismo, socialismo, liberalismo, feminismo, generismo, comunismo, o lo que se invente esta tarde el fanático de turno.
Com evitar les ideologies? Thibon no se corta: renunciar al orgullo, al primado de la experiencia sobre el puro pensamiento; volver a las realidades elementales; buscar lo que trasciende las instancias sociales, a Dios, vida interior, recogimiento, oración, práctica religiosa exterior; evitar los «orientalismos de bazar»; escapar de fanatismo y nihilismo abriéndose al misterio.
En un mot: seny. Ho provem?
Dolça i assenyada Catalunya…

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…»Son el fruto más venenoso del pecado original»…
Efectivamente.
Si el pecado original se produce por la desobediencia del hombre para querer ser como Dios, lo que lleva consigo la pérdida del paraíso y sufrir el trabajo, la enfermedad y la muerte, las ideologías también son un instrumento del hombre, engreído con su razón, de querer ser Dios, ordenando la realidad (las vidas de personas, las cosas y la naturaleza ) en su beneficio. Son un intento de recrear el paraíso perdido.
El resultado ya no puede ser perder el paraíso, porque ya está perdido, sino sufrimiento, miseria y muerte, como tan bien probó con hechos durante 70 años el comunismo de la Unión Soviética (el régimen nazi, obra también de filósofos, que duró menos, no fue menos mortífero )
Sin embargo el pecado de Adán está en nuestra cultura política y lo promueve la masonería con sus mitos:
Para ella, Lucifer (el equivalente bíblico de Prometeo) no es malo, sino bueno, porque incita al hombre a desobedecer las normas religiosas para ser como Dios. Y por consiguiente Dios es malo porque impide con sus mandamientos que el hombre pueda mejorar (y vencerle)
Uff, vaya rollo que habéis soltado. El hombre intenta trascender, y eso es bueno, pero toda religión es mala.
No, majo, no.
La religión es consustancial al hombre y de hecho informan todas las sociedades humanas que en el mundo ha habido y que habrá.
El hombre podrá cambiar de religión, pero nunca estará sin religión.
Por cierto que todas las religiones tienen algo en común, además de la «transcendencia», que es cómo se ordenan las sociedades humanas (es decir, las necesidades que tiene el hombre como animal social y que tiene que vivir en sociedad )
Entonces las religiones no son ni buenas ni malas; simplemente «son».
Lo que pasa es que cuando uno está acostumbrado a una religión, otras le parecerá raras, nocivas etc; pero recuerda que es la religión la que modela la sociedad y que el hombre «objetivo», abstracto» etc ni existe ni puede existir (esos valores los ha mamado desde la cuna y considera que son normales )
Es cierto que la filosofía, desde el siglo de las luces, intenta cambiar la «creencia» por el «pensar». Pero hasta ahora no ha podido ni podrá (una filosofía por definición no es una religión y ocupan sitios diferentes ).
Y de hecho es justamente esa la función de la masonería.
Lo que sucede es que eso se da desde una religión determinada, de la que parasita. No es de extrañar que no exista o exista muy poco en otras sociedades.
Thibon resalta justamente que las ideologías son nocivas porque son artificiales (y la prueba es el comunismo, una filosofía muy racional, pero equivocada en todo y con resultados horribles allí donde se ha probado)
Creo que no has entendido el artículo y que tus prejuicios te pueden.
Afortunadamente tu aportación ya indica que muy ilustrado no eres.
(espero que no paradores demasiado de los religiosos)
Tienes la oportunidad de releer el artículo con papel y lápiz y ver en qué te puede beneficiar.
Bueno hay que señalar que la ideología es un instrumento para alcanzar el PODER (basándose en el prestigio o culto de la «razón» y la filosofía)
Pero yo creo que lo que Thibon denuncia se ve mucho mejor en sus aplicaciones prácticas (y no me estoy refiriendo precisamente a los enormes crímenes que siempre producen):
En la Unión Soviética, como no había economía de mercado, los precios eran siempre e inevitablemente «políticos» (esto es, «ideológicos»)
Ahora bien, los precios, en cualquier fase del proceso productivo, están dando una información muy importante sobre si interesa o no al mercado ese elemento en concreto, así como la eficiencia en su fabricación, transporte y comercialización.
Si en la Unión Soviética no existían precios REALES y sí precios IDEOLÓGICOS, ¿cómo podía funcionar la economía?, ¿cómo se podía obtener esa información vital para el objeto, para el productor, para el vendedor y para el comprador?…
El caso es que cuando se produjo la Perestroika, esa pregunta le hicieron los periodistas occidentales a Gorbachov. Y la respuesta es de traca:
Según Gorvachov, en la Unión Soviética se utilizaba el catálogo de venta por correo de la empresa norteamericana ¡¡¡Sears!!! (Sears, Roebuck & Company) y luego ajustaban a ojo el precio de venta al cliente.
Es decir, que no funciona ni puede funcionar. Esto a su vez obliga a una censura férrea para evitar críticas a la dirección, que naturalmente tiene que terminar en gulags.
Volviendo a la pregunta «¿cómo podía funcionar la economía?», la respuesta es pues que no puede funcionar nunca.
Y como la economía no podía funcionar, la sociedad, tampoco.
Para colmo de males el ateísmo de Estado («laicismo») quita a los siervos las normas elementales de convivencia humana ( realmente crea malas personas ) y un sistema que no funciona, una corrupción enorme)
Pues para haber sido hecha esta filosofía con regla y compás, el fracaso ha sido enorme. ¡Total !
Vaya en su descargo el que realmente esta filosofía tan racional se centraba en cómo obtener el poder, pero una vez en él, ¡nada!. Y la centralización de hierro, consustancial en él, mata cualquier tipo de iniciativa mientras espera que el padre de la Patria les arregle el problema.
Pues bien, desde 1982 vamos en esa dirección, porque el PODER es muy goloso y siempre atrae a los mismos, no importa la ideología, la sociedad o el tiempo.
Es curioso cómo en las postrimerías del franquismo había gente (principalmente comunistas) que lamentaba que por culpa de Franco España se ¡¡¡había quedado atrasada!!!
Y eso después de haberla situado en el puesto 8º de los países industriales (el llamado «milagro español»), haber modernizado el país, haber creado las clases medias y elevado el nivel económico, educativo, cultural y sanitario como nunca antes había pasado en la historia España.
De hecho es famoso el viaje que Felipe González y Alfonso Guerra hicieron a Moscú para traer ideas que aplicar en España.
Naturalmente se volvieron con las manos vacías.
Y es que las ideologías ciegan.
O como diría Marx:
«La ideología es el opio del Pueblo».
Cierto lo de la Unión Soviética. Yo diría además que en la economía de mercado los precios y los salarios son una estafa sistemática para lograr el enriquecimiento de unos pocos, que son cada vez menos.
En la economía de mercado, por definición, cuando hay algo que da mucho dinero (por ejemplo porque explota a los trabajadores o «encarece» los precios a los consumidores), automáticamente otros querrán disfrutar de la bicoca y se pondrán a fabricar o vender lo mismo, con lo que, por aumento de la oferta bajarán los precios. Respecto a los trabajadores, también existe competencia cuando el salario y el trato es mejor)
Por tanto no hay problema.
El problema existe en las sociedades de economía de subsistencia y en las de precio controlado (comunistas, socialistas, nazis), porque esto ya no funciona (aunque evidentemente la economía tenderá a equilibrarse de otra manera )
Por otra parte nosotros, las clases medias, somos hijas de la economía de mercado y de las oportunidades laborales y de enriquecimiento que favorecen.
De este modo no es el «enriquecimiento de unos pocos», «que son cada vez menos».
Es el enriquecimiento de cada vez más y, lo más importante todavía, la mejora de las condiciones de vida de cada vez más gente, como pasó a nuestros abuelos.
Otra cosa muy distinta es que, como es natural, queremos ganar más y poder comprar bienes y servicios cada vez más baratos.
Pero nuestro salario viene directamente del valor añadido que cada uno pueda aportar al mercado (nosotros cuando compramos). Y el precio, de los bienes y servicios de la oferta y la demanda. (en realidad nosotros mismos somos los bienes y servicios para otras personas, por lo que no podemos quejarnos: es la misma realidad económica )