Que Déu nos ne do!

Cuaresma. Jacinto Verdaguer muestra lo que nos esconde el confeti de la sociedad del bienestar:
«¡Tribulacions! So sapiguéssem lo que valen i de quina mà ens vénen, diríem sempre, al fer-ne esment, ‘que Déu nos ne do’, com diuen encara sempre que parlen del pa los bons pagesos de nostra terra, i sempre hi guanyaríem (…) Mes, ¡ai!, l’home no les coneix, perquè no les mira per la banda del cel, i, veient-les al revès, les aguaita de mal ull, les menysprea i rebutja, rebutjant amb elles lo pesant d’or amb què podria comprar lo celestial heuratge. (…)
Avui, com en temps de Moisès i sempre, cal passar pel mar Roig de la contrarietat per arribar a la terra promesa de la consolació. Monstrant-nos-la des de la creu i oferint-nos un refugi en son cor obert per la llança, Jesús nos va dient a tots i a tota hora: ‘Veniu a mi los qui estau afeixugats, que jo us refaré’«.
Vamos.
Dolça i quaresmal Catalunya…

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En marzo del 2025, apareció esta asquerosa noticia:
El districte de Sants-Montjuïc substituirà el nom dels «Jardins de Mossèn Cinto Verdaguer», ubicats al Parc de Montjuïc, pel de «Jardins de Jacint Verdaguer».
¿Sabéis si ya han hecho el cambio de nombre? ¿Sabéis si han hecho exactamente lo mismo con la «plaça del Mossèn Cinto Verdaguer»?
La estación de metro «Verdaguer» debería llamarse «Mossèn Cinto Verdaguer».
Este anticatolicismo apesta ya demasiado.
Ni siquiera pido que escriban «Jacinto Verdaguer y Santaló», que fue su verdadero nombre.
Solo pido que se mantenga la palabra «Mossèn».
Los ciudadanos han votado a ese señor a alcalde para vivir mejor, no para que descatolice Barcelona; mucho menos para que la masonice.
Y los ciudadanos de Barcelona NO están viviendo mejor.
La tradición en Barcelona, que no existe en Madrid, era que cuando se dedicaba una calle a un personaje, se pone su actividad. De esta manera no sólo se recordaba su nombre, sino que se daba una clave de por qué era famoso.
En el caso de Verdaguer, la verdad es que siempre se le ha llamado así.
El problema para los masones, socialistas y pro-islamistas es que está recordando a todo el mundo que el mejor poeta en lengua catalana era un ¡sacerdote católico !.
Es decir, que da mal ejemplo.
Se impone pues «laicizar» y «republicanizar»…
(Sí; el viejo truco del almendruco por el que minorías muy pequeñas puedan controlan a las mayorías y perseguirlas desde el poder: el «laicismo anticatólico» y el «espíritu republicano antidemocrático», como en la Francia de la 3ª República masónica, el México masónico de Plutarco Elías Calles y la 2ª República Masónica Bananera de Azaña, Largo Caballero y Alcalá Zamora)
Parece que por fin hemos llegado a 1936, «de donde nunca tuvieron que salvaros» (dicen los ilustrados )
DC, gracias por traernos estas palabras de Mosén Verdaguer. Era un sabio y estaba inspirado.
De tarde en tarde Dolça Catalunya publica unos versos escogidos de mosén Verdaguer (principalmente):
Pildoras de belleza y religión para poder sobrevivir en este bajo mundo tan zafio, nihilista y feísta. Lo suficientemente para que la civilización no se derrumbe y poder aguantar sanos y cuerdos hasta el día siguiente.
Siempre que DC publica fragmentos de Mosén Verdaguer, los leo con fruición. Aparte de que me enseña mucho de la lengua catalana (tan bella!), muestra una espiritualidad y un conocimiento innato de la versificación. Un alivio, ante este mundo contemporáneo, cada vez más zafio e ignorante.
La realidad es que el hombre nace en el mundo a luchar contra él; y la realidad también es que no siempre nos salen las cosas como queremos… Como tiene que ser, por otra parte.
Incluso hay tribulaciones que son verdaderamente dolorosas.
El catolicismo, en uno de esos tantos golpes sabiduría que tiene más tarde confirmados por la Ciencia, transforma esas tribulaciones inevitables en aceptación («hágase Tu voluntad») y en herramienta de santificación («cargar con tu cruz como Cristo cargó con la suya»).
Un entrenamiento («entrenamiento» = «ascética») lo ofrecía la Santa Madre Iglesia de antes del Concilio con la Cuaresma y las normas de abstinencia y ayuno.
Una manera de prepararse para la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Cristo y de dominar las pequeñas pasiones y vicios que siempre se interponen en nuestra vida.
Si esto no son ventajas para ser felices en nuestra vida y en el mundo que ha de venir, que venga Dios y lo vea. Totalmente inmerecidas añadiría yo.
Qué estupendos sois, «Dolça Catalunya»!