Reflexiones de un chico de Vic ante la proclamación de Felipe VI.

Del pueblo y los gobernantes es la responsabilidad de nuestro futuro juntos. Es hora de ejercerla.

felipe Juan Carlos

Llega Felipe VI. Agradecemos la buena voluntad y perdonamos los malos errores de Juan Carlos I; esperemos que los hechos futuros no hagan despreciar su obra. Hoy es normal que el rey reine pero no gobierne. Su obligación es ser un referente de cercanía, apoyo, conducta y unidad. Debe recordar que está al servicio de España, y que lo que debe servir al bien común es la monarquía, no tanto el monarca. El rey y su esposa tienen libertad, pero más circunscrita que los demás; no son libres para hacer lo mismo que un ciudadano cualquiera. Su primera obligación es respetar el modo de vida de los españoles, sus creencias y su historia. La monarquía es una antigua tradición del país; si no respeta las tradiciones vivas de España, perderá el respeto de los españoles. Si quiere que le reconozcan autoridad, él debe concedérsela a aquello que es superior a la corona. Si le asusta ir a misa, escuchar al pueblo o animar a los políticos a perseguir el bien común, piense que no está cumpliendo su deber. Reinar hoy no es salir en las revistas del corazón, ni seguir modas ideológicas, ni reunirse siempre con los mismos poderosos de Barcelona para que le cuenten su versión. Para eso no hace falta un rey.

¿Pueden los partidos aprovechar esta nueva etapa? Por supuesto. Desgraciadamente, en los asuntos de bien común los políticos que nos han gobernado desde hace varias décadas no han tenido un pensamiento de gobierno constante, independiente y superior a la voluntad de los partidos y los ministros de turno. No se han apoyado en la nación, sino en los partidos, según sus intereses electorales. Es hora de que el poder no tenga más objetivo que la conveniencia pública, ni otra voluntad que el cumplimiento de las leyes, que deben ser pocas y justas. Que sólo intervenga en la vida social cuando la sociedad no pueda hacerlo. Y que se tome en serio los problemas de España, sin complejos ni electoralismos.

A nosotros, al pueblo, nos corresponde lo más importante: construir la vida juntos, implicarnos en la vida comunitaria que nos rodea, la más cercana y próxima. Pedir que nos dejen cuidar de nuestra familia libremente, educar a nuestros hijos en los valores que nos parezcan mejores, exigir que los impuestos no confisquen nuestro salario. Luchar por nuestro trabajo sin trabas burocráticas. Y exigir que nadie rompa nuestra convivencia, que nadie nos impida ser lo que somos y nos prive de nuestra identidad catalana y española. El rey y los gobernantes nada pueden hacer sin nosotros. A nosotros nos toca la parte principal de hacer que nuestra casa sea un buen lugar donde vivir en paz y ser feliz.

Buena monarquía, gobernantes magnánimos y participación del pueblo. Es el sistema mixto que equilibra los excesos y conjuga lo mejor de monarquía, aristocracia y democracia. Debería ser nuestro sistema.

Hace ya tiempo, un joven de Vic que tienen una calle en Barcelona meditaba sobre el papel del pueblo y los gobernantes. Hoy queremos recordarlo:

“España se salvará si ella propia se salva; si no, no; España recobrará su aplomo si ella trabaja por recobrarle; si no, no; España tendrá gobierno si ella emplea sus medios para que se funde, y se afirme, y se arraigue; si no, no; España verá cesar este sistema que ya lleva algunos años de gobernar intrigando, y perturbando, y explotando, si ella procura eficazmente que cese; si no, no. Y lo repetimos: si no, no; si España no piensa en sí misma, si no recuerda lo pasado, si no atiende a lo presente, si no mira al porvenir, si, descuidada como la buena fe y floja como el cansancio, deja que unos pocos se lo digan y lo hagan todo a nombre de ella, entonces ni tendrá gobierno, ni paz, ni sosiego, ni esperanza de prosperidad, y será víctima de turbulentas pandillas, de camarillas miserables, de intrigas extranjeras; será la befa y el escarnio de las demás naciones; se la verá apenas en una extremidad de Europa, como aquellas plantas mustias y descoloridas que vegetan en una roca junto a un lozano jardín.

¡Ah! No es el pueblo español quien se falta a sí mismo; no es ese pueblo, siempre dócil para obedecer, siempre resignado para sufrir, siempre altivo cuando se trata de su dignidad y su independencia, siempre heroico cuando se le piden sus intereses y su sangre y su vida (…) Lo que le faltan son hombres que le comprendan, que le guíen, que tengan ambición grande: aquella ambición que no se cuida ni de honores, ni de condecoraciones, ni de carrozas, ni de palacios, ni de festines (…) aquella ambición que se complace en mandar, no en la ostentación del mando; en influir eficazmente, no en privar, no en ser válido, sino en valer. (…) Aquella ambición que al pensar, al hablar, al ejecutar no atiende al juicio de una bandería o de una camarilla, sino al bien del país; que no se pregunta qué dirán tal o cual individuo, tal o cual magnate, tal o cual intrigante, tal o cual privado, sino qué dirá la nación, Europa, el mundo, la posteridad.”

Pur seny català de Jaume Balmes. Felicitats Felip VI. Hora del bé comú, senyors polítics. Apaguem la tele i ens aixequem del sofà, amics dolços?

bastoncillo

 



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3 comentarios

  1. El papel desempeñado por el Rey es el que debe , lo contrario sería una monarquía medieval.
    El enemigo de todos los que somos catalanes y españoles es Más, y ahí que esperar a que incumpla la Ley, aunque en mi opinión ya la incumplió pero dejemoslo en manos de los Abogados del Estado.
    Hemos de seguir con todo detalle la movimientos de los secesionistas, como por ejemplo la reunión de Pat McCrory y de A.Mas, en Clayton de Carolina del Norte (USA) . ¿Qué le ha ofrecido y a cambio de que? .
    Si es necesario donde los secesionistas dan uno nuestro Gobierno puede dar cuatro.

  2. El Rey debería de ser el poder del pueblo por encima de los partidos y en su caso disolver gobiernos y crear un consejo de “hombres justos”

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