“Las próximas generaciones nos pedirán cuentas a todos”, avisa una maestra.

Por su tino y espontaneidad, publicamos el testimonio que nos ha hecho llegar una maestra sobre el drama nacionalista.

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El asunto secesionista en España, más que verlo como un problema, me produce pena. (…) Ante una cuestión medular, que nos afecta a lo que somos todos, se habla de si Cataluña saldría fuera de la Unión Europea, si podría autoabastecerse energéticamente y, en definitiva, si  es viable como estado. Sin embargo nadie habla de algo tan sencillo como que la intención secesionista y de negación del otro nos hiela a muchos la sangre.

“Espanya no t´estima”, he leído recientemente en aquellas tierra. Eso no es cierto. ¿De qué España estamos hablando? ¿No será una proclama interesada de las castas localistas que pretenden vivir generación, tras generación de la diferencia? (…).

Veo así la cuestión  desde mi perspectiva familiar y, también, de la que poseo de una nación ilustrada, universal y social.

Mi abuelo fue llevado a la guerra de Cuba, entre otras cosas, para defender los intereses de la burguesía catalana, dueña de la mayor parte de los ingenios azucareros de la colonia. Guardo una fotografía en que aquélla concede un banderín a las tropas, en la plaza de la catedral de la Habana, para enaltecer su moral en un momento que la contienda estaba a punto de perderse. Sé que esta historia no se cuenta hoy en Cataluña. Los currículos escolares los diseñan las castas a las que antes he aludido. Lo sé bien, también, como aragonesa. Además, conozco a través de mi afición a la historia, al arte y al alpinismo, el imperialismo expansionista de los colectivos que ahora piden la secesión (Corona de Aragón, La franja de ponent, los bienes de la iglesia, procedentes de ésta zona…). Para ellos, esa actitud etnicista les da energía de modo permanente y les mantiene en el poder. Es una gran inversión, pero sólo para ellos.

Siguiendo con mi abuelo, afortunadamente regresó a la aldea, y sus hijas marcharon antes de la guerra a Barcelona, para trabajar en el servicio doméstico de familias acomodadas (…). Por eso, en mi casa, desde pequeño, Cataluña fue algo íntimo, propio, con sabor, olores y pálpitos. Nosotros íbamos y nuestros familiares venían en verano para saborear un mundo que necesitaban, frente al agobio de la urbe.

De mayor fui destinada como maestra a Barcelona. Sembré toda mi ilusión, y también recibí mucho. Entré en contacto con los movimientos de renovación pedagógica, con Rosa Sensat, y estudié Pedagogía. Hoy dicha forma de entender la escuela ha desparecido de allí.

En aquel ambiente conocí un fenómeno sociológico y antropológico triste: el de los emigrados que, para lograr la integración, negaban sus raíces. ¡Qué pena me producía desde mi amor a la Pedagogía Sistémica! (…) Pero también sentí vergüenza ante españolistas pobres de espíritu que caían en tópicos autoritarios y mezquinos. Afortunadamente, la mayoría éramos gente respetuosa, que entendíamos la diferencia cultural como un valor, y veíamos en la justicia y la concordia un principio universal. Éramos enseñantes de toda España. Todavía no había llegado la crisis industrial, y el mal pagado oficio de enseñante no era un desempeño apetecible para la juventud que vivía en aquella tierra en expansión.

Con este recorrido vital, en el que demuestro mi relación íntima con Cataluña, nadie me ha dicho si puedo votar en un hipotético referéndum. ¿Tendré que empadronarme allí unos meses antes? ¿Podré votar desde aquí, porque siendo española me siento de todas las tierras de España, como avala la Constitución vigente, aprobada también por los catalanes? Por cierto, ¿por qué esa pregunta para la consulta, si su formulación ya excluye a muchos y a muchas? ¿Podrán votar, por ejemplo, las gentes del Aragón oriental, emparentados por la lengua y que, en un paso siguiente, verán sus tierras serán reivindicadas por las castas etnicistas señaladas, en la eterna espiral que les nutre?

En fin, para qué tanta locura y sinrazón. (…) El problema es que el juego dejará heridas cuya sangría ya se plasma en la sociedad. Eso es lo verdaderamente terrible, que la historia no perdonará a unos y a otros.

Pienso que la gente normal, los que aspiramos a cosas sencillas pero importantes, los que damos importancia a un código de justicia universal, tenemos la obligación de desenmascarar a unos y a otros, a los que pretenden vivir de la diferencia, negando al otro, y a los que peligrosamente, tensionan la convivencia para perpetuarse. ¿Alguien me puede decir dónde están las fronteras, las lenguas, y el modo de pensar cuando hablamos de trabajo, salud, justicia, igualdad y equidad?

Comprendo que haya mucha gente que pretenda seguir  viviendo de la diferencia: enseñantes, políticos, gente de la cultura… Es muy cómodo. Les acorta los caminos. (…) El peligro (…) es que ponen en juego la convivencia, la inclusión, y el futuro. Por ello, ya que somos más las personas que queremos seguir viviendo en la construcción de la unidad, ¿por qué asistimos con los brazos cruzados a esta farsa? Humildemente entiendo que las próximas generaciones nos pedirán cuentas a todos.

Petra Mompradé Monclús, maestra y psicopedagoga

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7 comentarios

  1. Si no se pone remedio, esto irá a peor, muchos niños ya odian a España, no solo porque lo aprenden en el cole, sino, porque sus propios padres se lo enseñan también, porque estos mismos se lo enseñaron cuando tenían sus misma edad, todo es una cadena. Cada uno es libre de educar a su hijo, pero desde el odio, no estoy de acuerdo, luego pasa lo que pasa.

  2. Cuando el sentimiento es auténtico cuesta a veces encontrar las palabras para expresarlo y eso ocurre tanto con lo que verdaderamente te emociona como con lo que profundamente te indigna. La carta de Petra Mompradé es un ejemplo de sensibilidad, de respeto y de sensatez y por ello va directa al corazón.Yo me pregunto, como se preguntan tantos, por qué el Gobierno Español asiste aparentemente impasible a todo este bochorno, a toda la injusticia que están viviendo los que en Cataluña tienen que tener miedo de proclamar su desacuerdo con la secesión y tienen que soportar que, de hacerlo, los llamen botiflers, fascistas, traidores, etc. etc.. A mi entender el Gobierno debería haber creado ya una comisión o gabinete encargado de contrarrestar la difusión de mentiras o medias verdades, de demostrar la inexistencia de ese supuesto odio del resto de españoles hacia los catalanes y lo catalán (lejos de los pocos extremistas o de los que hartos de insultos entran al trapo y en su supuesta defensa de lo español lo que realmente consiguen es hacerles el juego). Un independentista me escribió no hace mucho que sólo con los nacionalistas catalanes no llenarían ni medio estadio, que en realidad es con los descendientes de inmigrantes con los que consiguen un número importante (o mayoría según ellos) para pedir dicha independencia. Si eso es así, hay una labor importante para denunciar y demostrar lo que en realidad ese sector catalán actual e históricamente piensa de esos ciudadanos, el desdén que a muchos de ellos les inspiran (excepto ahora porque los necesitan, tanto, que me viene a la memoria la fotografía chocante de un hindú con toda su barba y su pancarta de “volem sè catalans” que contemplándola no sabías si reir o llorar) y sobre todo, que hay otra Cataluña donde sus aspiraciones de sentirse catalanes es acogida sin exigirles que renuncien a sus orígenes, a su otra cultura, a su derecho de sentirse español además de catalán. Creo que a muchos de ellos les han imbuido la idea de que sólo defendiendo la independencia llegarán a ser verdaderos catalanes y eso URGENTEMENTE hay que desmontarlo, sencillamente, PORQUE ES FALSO. Desde aquí quiero hacer una llamada, si queréis ya angustiosa de que de una vez, el gobierno central ACTUE!!!!!!!. Y una vez más ¡gracias Dolça, por no desistir en vuestra denuncia diaria, en esa lucha del día a día por denunciar, por intentar aclarar y poner los puntos sobre las íes, por una labor incansable y no tener miedo de situaros en el ojo del huracán!.

    • Depués de las dos cartas, la de la maestra y la de Alicia, que comparto completamente, me encuentro como desde hace tiempo incapaz de sugerir una solución al problema poque lo que lo agrava es precisamente lo que se debería haber hecho y no se ha hecho, es decir el tiempo perdido que no es precisamente el de esta legislatura última. Si para curar es preciso diagnosticar bien la enfermedad o la más o menos repentina dolencia pienso que es precisamente en el sistema que nos hemos dado, lo que pomposamente llamamos democracia y su soporte estado de derecho, donde reside la naturaleza, el meollo del problema. Cuando se funciona desde la transición con un sistema que ha sobredimensionado el peso y la representatividad de los nacionalismos y ha habido que darles y darles para en muchos momentos poder gobernar los que hasta hace poco se consideran partidos nacionales se llega a donde ya hemos llegado. La Educación ha estado al servicio de una idea parcial, retrógrada y clasista. Se hizo, como decimos por aquí, un pan como unas hostias con la Transición, que íbamos a ser el ejemplo del mundo y luego babeamos todos pensando que habíamos encontrado la solución. Ahora se critica cualquier atisbo de que el gobierno pretenda poner a cada uno en su sitio y al mismo tiempo se califica de inmovilista, de mirar para otro lado, incluso de posible traición a lo que se está diciendo y haciendo. Como las dos críticas al mismo tiempo no pueden ser acertadas que cada uno se saque su propia conclusión sobre el tema.

  3. ¿Quién es el opresor y quién el oprimido?. Los catalibanes imponen el catalán, incumpliendo la Ley que prescribe el español para todos los españoles y en las comunidades autónomas cooficialidad de la lengua propia. Y lo TSJ van dictando sentencias, que son incumplidas. ¿Es justo eso?.

  4. Desde fuera de Cataluña: somos muchos los españoles que apoyamos a los catalanes oprimidos y asustados ante la locura nacionalista. Todo nuestro apoyo

  5. ¡Estupendo y emotivo! Es lo que pensamos y sentimos muchos.

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