Otro al que Mas, el trilero, no engaña.

Francesc de Carreras señala lo obvio: la pregunta tiene trampa

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En un artículo titulado ¿Estado? ¿Qué Estado?, el profesor de Derecho constitucional Francesc de Carreras señala lo que cada vez esrulta más evidente: la famosa pregunta tiene trampa:

En todo caso, como paso previo, hay que entender bien lo que se pregunta. Y en la doble pregunta acordada hay una evidente trampa conceptual: el sentido del término Estado varía sustancialmente de la primera a la segunda pregunta.

Un cambio de sentido que invalida su validez y legitimidad:

La claridad se ha convertido en un requisito básico para que un referéndum tenga reconocimiento democrático, no sólo porque lo dijo el Tribunal Supremo de Canadá en 1998 al valorar de forma negativa la confusa pregunta del referéndum quebequés de 1995, sino por pura lógica democrática.

Por eso de Carreras escribe:

La primera sólo tiene sentido si el término ‘Estado’ se refiere a ‘Estado federado’, es decir, a un Estado como California en EEUU o Sinaloa en México. Un tipo de Estado, el federado, que adopta otros nombres según los países: se denominan provincias en Canadá, länders en Alemania y Austria, cantones en Suiza o comunidades autónomas en España. En cambio, en la segunda pregunta, al especificar ‘Estado independiente’, es evidente que se refiere inequívocamente a Estado soberano, es decir, a estados en sentido propio como Francia, Gran Bretaña, Italia o España… o EEUU o México. Pero no a California o Sinaloa… o Baviera.

El problema es que si se responde afirmativamente a ambas preguntas —tal como hará Artur Mas, según ha dicho— se está comportando de forma contradictoria: el votante, en un mismo acto, se declara partidario de formas muy distintas de Estado. Y si contesta negativamente a la primera pregunta, no puede pasar a contestar la segunda, que es la más clara, quizás la única que querría contestar. Con lo cual, quizás los partidos que han aprobado esta fórmula no han hecho el ridículo porque se han puesto de acuerdo antes de la fecha en que se les acababa el plazo, pero sí están haciendo ahora el ridículo porque la fórmula encontrada es contradictoria y confusa, es decir, lo contrario de clara, ese requisito imprescindible para que el ciudadano sepa lo que vota y el procedimiento pueda ser homologado como democrático.

Se habla con entusiasmo por parte de los nacionalistas de dar a conocer la pregunta en el mundo internacional para que comprendan y ayude a legitimar el llamado proceso de independencia. Me temo que este mundo internacional, a poco que reflexione, considerará que los gobernantes catalanes que la han propuesto son unos amateurs de la política que no se aclaran ni entre ellos mismos: la pregunta no sólo no alcanza el requisito de la claridad sino que cae en la pura contradicción. Las prisas tienen sus riesgos, la ineptitud sus costes.

dolca



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