Cosas que sabíamos los catalanes y hemos olvidado.

Cuaresma. Escribía Raimundo Lulio que «Mon Amat és aquell qui fa amar, desirar, languir, sospirar e morir. E lo qui fa la mort pus douça que la vida, los escarns pus plasents e cars que la honor, los plors e sospirs plus delitosos que el viure e que l’alegria».
Son palabras que el mundo no puede entender, porque se han dicho para los sencillos, los que se han desprendido de la bagatela mundana y entienden que el amor consiste en entregarlo todo. Pero ¿qué vale el juicio del mundo que pasa y no puede darnos la felicidad?
Mossèn Cinto Verdaguer ho va veure tan clar com en Ramon Llull:
Són les perles del cel blau
les joies amb què enjoiau
a les ànimes volgudes;
a mi enjoieu-me, si us plau,
amb desplaers i calúmnies.
Coronau-me de menyspreu,
abrigau-me de congoixes,
vostra canya per trofeu
donau-me, i per llit la creu,
que és lo llit de vostres noces.
Feliz domingo y Cuaresma a fondo, dolços.
Dolça i aimant Catalunya…

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¿Y si el ser humano recibiese la bendición de ampliar su conciencia, y conocer la obra completa de Dios (obvio que completa es imposible, pero desde luego más amplia que ahora), y no necesitar la muerte para ver, entender, captar y participar plenamente el amor de Dios? o sea, vivir lo suficiente en la carne para marcharse SABIENDO de qué va esto en realidad.
¿Imagináis poder acceder fácilmente a ese estado de lucidez total, de felicidad, de amor incondicional en el que participan multitud de seres, poder acceder a otros mundos, a otros condicionantes más allá del ego y de la crueldad social humanas?
En los evangelios apócrifos es explícito, y en el n.t. canónico se sobreentiende, QUE EL REINO DE LOS CIELOS ESTÁ DENTRO de cada ser humano. Ahí está. Entrar es muy difícil, o quizá tan fácil que es casi imposible en nuestro plano, aunque muchos místicos y otros seres «mutantes» lo han hecho, y lo hacen. Yo pido a Dios que nos cambie, que nos de ese don, que se acabe esta granja-cárcel terrestre a la que se condena al ser humano.
Supuestamente, tenemos la herramientas de percepción necesarias para ello, pero algo nos pasó en algún momento, y desde entonces no pensamos más que en ser lo más perversos y malvados el uno contra el otro.
Claro que se puede ser feliz en este Mundo violento y engañoso que nos ha tocado vivir si no te implicas en problemas ajenos y con tu yo y con los tuyos, levantar ese bosque infranqueable impermeabilizado a todos los devaneos antidemocráticos estos botarates, bastardos de mal vivir que han llegado a política para delinquir, donde ser asesino hoy, es tener opciones a premio y si estas en un burdel traficando con carne humana varios años, puedes llegar a ser presidente de un país y a tus amigos del antro colocarles de ministros para que sigan entre ellos y tú, apoya el mal y la destrucción de la democracia.
Hoy España sin democracia, pero con separatismos, terrorismos, delincuentes y madames de burdeles que llegan a Catedráticas, no tiene por qué quitarte tu alegría de vivir, ya que al final, como dicen que decía San Agustín, Dios está por encima de todo y lo ve y una conciencia tranquila vale más que todos los millones.
Durante la ilustración francesa (y de ahí lo exportan al resto de occidente e incluso del mundo) aparece la extraña idea de que el gobernante ilustrado debe hacer «feliz» a sus súbditos…y de ahí pasó a la revolución francesa y a todas las ideologías, que nacieron de ella.
Sí, los golpes de Estado masónicos y las revoluciones, los gulags rusos, los campos de exterminio nazis, las chekas republicanas españolas y los paseos al amanecer…tienen como objetivo lograr el mayor bien de la humanidad:
¡Que el HOMBRE sea feliz en la tierra !
Entonces, ¿cómo ha podido ir este buen deseo tan horrorosamente mal?
En parte porque se hace «racionalmente» o «científicamente» y contra eso no hay discusión posible. En parte también porque es una concentración enorme de poder en manos de muy poca gente. Especialmente si para lograr tanta felicidad eliminas físicamente a toda oposición política, cultural o religiosa.
(«te torturamos y te exterminamos por tu bien, tontín»)
Ahora junta poder ideológico y poder humano y te sale lo que te tiene que salir:
Inadaptados o enfermos mentales se dedicarán entonces, en nombre de la humanidad, a alcanzar el poder no importa cómo y a matar, torturar y robar a mansalva por el bien de la humanidad.
¿Cómo podemos librarnos de esta plaga asesina que lo arruina todo ?
Pues primero no caer con sus cantos de sirena y no darles el poder de ninguna manera…
Y segundo, hacer lo contrario que quieren que hagamos.
En este Pueblo viejo, la sabiduría bimilenaria recomienda:
«a Dios rogando y con el mazo dando» y «dale al diablo lo que es suyo: Lujuria, envidia y orgullo».
Muy bien.
Llull, franciscano, y Verdaguer, perseguido, cantan el Amor de Dios.
No temen ni se preocupan. La vida es un regalo y Cristo la sacrificó. Frente al poder temporal eligió la Vida Eterna.Pero sufrió como Hombre.
Nosotros, pecadores, soberbios y tan débiles, somos invitados a despojarnos de todo y vivir nuestro desierto.
Morir.
Para resucitar!
Estamos en tiempos convulsos. Cómo a principio del siglo XX.Con los nuevos monstruos paridos por la ciencia pero también con nuevas preguntas ante los nuevos abismos.
La religión del amor perdura, viva, y también puede parir sus propios monstruos. Pero confío en los humildes. Tantos buenos que vemos cada día y que sonríen al pasar.
El Amor vencerá.
El arma secreta de la masonería es el orgullo, la soberbia y la desobediencia («seréis como dioses», dice Satanás, el ángel o proteo de la luz que trae la iluminación a los hombres si se atreven a pecar).
Por tanto el remedio es hacer exactamente lo contrario.