Antídoto contra historiadores sectarios: lean a Gaziel.

El separatismo ha sido siempre en Cataluña una pura negación estéril. Palabra de un catalanista de pro.

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Estos días en que unos cuantos historiadores en nómina se prestan a participar en un pseudocongreso titulado España contra Catalunya, no iría mal dedicar un poco de atención a quien fue director de La Vanguardia durante la Segunda República, el famoso Agustí Calvet, Gaziel, cuyo Tot s´ha perdut acaba de ser reeditado. La lectura de quien fuera calificado por Josep Benet como “el escritor político más inteligente de la derecha catalana en este siglo” tiene la ventaja de que, en vez de prejuicios ideológicos o estómagos bien pagados, estamos ante un testigo directo, bastante sensato y sin condicionantes para expresarse con libertad acerca de los acontecimientos que narra.

Lógicamente, todo lo relacionado con la proclamación de Companys en 1934 está de rabiosa actualidad ante la posibilidad de que el dúo MasJunqueras se anime a seguir sus nefastos pasos. Una intentona que Gaziel no duda en calificar de “desatino”.

Como antídoto contra tanta declaración obnubilada nos permitimos reproducir algunas reflexiones de Gaziel:

 “Poquísimos pueblos en el mundo se habrán encontrado en circunstancias tan favorables, o habrán tenido una coyuntura tan propicia, para convertir en realidad sus ensueños políticos, como las de que gozó Cataluña, inesperadamente, en el seno de la hermandad hispánica, tras el cambio de régimen y la concesión del Estatuto de Autonomía”.

“Teníamos una coyuntura insuperable para hacernos amar de España entera, para atraernos las simpatías y ganarnos la colaboración de infinidad de hermanos nuestros, empleándonos a fondo en una obra de elevación y engrandecimiento nacional, en el levantamiento de una España nueva; y hemos acabado ahuyentando a todos nuestros amigos no catalanes, haciéndoles avergonzar y arrepentir de serlo, causándoles incluso tremendas heridas y teniendo nosotros que pasar, a los ojos de la mayoría, por torpes y ridículos separatistas.

“Sólo podremos triunfar en España yendo todos los catalanes fuertemente unidos, como irrompible falange, y además sólidamente abrazados con el mayor número posible de españoles hermanos.

El separatista cree que es imposible entenderse con el resto de los españoles, y para remediar esta situación, propone una cosa más difícil todavía, que es el desentenderse violentamente de ellos. No se siente capaz de hacer el esfuerzo necesario para influir en España, y, en cambio, sueña con el gigantesco propósito de escapar en absoluto a su influencia formidable. Para salir de una dificultad, crea otra mayor. Pero ¿si faltan las fuerzas para resolver la más pequeña, cómo van a tenerse para la máxima? Por esto el separatismo ha sido siempre en Cataluña una pura negación estéril. Lo poco que se obtuvo, vino en todo momento por vías de intervencionismo. Y el separatismo no hizo más que deshacer lo hecho, acarreando la anulación o destrucción de lo conseguido, y dejando a Cataluña desolada e inerme, sin la más vaga, sin la más remota, sin la más quimérica compensación. El separatismo es una ilusión morbosa que encubre una absoluta impotencia.

Por cierto, Gaziel no era ningún fascista españolista, por si alguno de la CUP está pensando en leerlo, e incluso es posible que, a diferencia de Manuel Chaves Nogales, incluso le suene a Mas Colell.

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