“España no nos entiende”, “Juan Pablo II no nos entiende”…El motor del nacionalismo.

Disfrutando en la amargura.

JP II PUJOL

Cuenta Jordi Pujol en sus Memorias que cuando en 1982 Juan Pablo II visitó Montserrat, su esposa le dijo:

“Aquest home no ens entén, (…) no ens estima”.

Algo similar repiten los nacionalistas para justificar el independentismo: “Espanya no ens entén”.

¿Por qué el catalanismo parece alimentarse de una supuesta incomprensión? ¿Por qué parece recrearse atribuyendo desamor a los que no comparten su ideología? ¿Por qué cualquier gesto de “comprensión” -lengua, financiación, autonomía, policía..- nunca parece suficiente?

A pesar de las protestas de positividad, los últimos años han puesto de manifiesto que el independentismo es el desahogo del nacionalismo en meras críticas de todo lo “español”, sin fines positivos. Es lo que Max Scheler llamaba crítica resentida: ningún remedio presentado a la situación produce satisfacción, sino que, al contrario, provoca descontento, “pues corta las alas al creciente sentimiento de placer que nace del puro denigrar y de la pura negación”. Por eso, quizás lo que más indigna a los partidos políticos nacionalistas es que se haya realizado gran parte de su programa. La vida del nacionalismo no reside en el contenido positivo de su doctrina, sino en la negación y la desvalorización de “España”. Incluso muchas veces parece que, cuando el nacionalismo pondera o alba a Cataluña, no es por su calidad, sino con la intención de rebajar a su rival “español”.

Uno de los efectos principales que logra esta actitud nacionalista es que en el resto de España se produzcan sentimientos negativos similares. Sin duda esta reacción favorece al nacionalismo, pues obtiene alguien a quien atribuir la incomprensión de Cataluña, y alimenta así la amargura de los catalanistas.

Pero no es cierto que el resto de España no nos entienda, que no nos quiera, o que cualquiera que no se comporte como nacionalista ofenda a Cataluña. Lo que es cierto es que el nacionalismo falsifica la imagen del mundo, paraliza la fuerza creadora de Cataluña y sume a sus adeptos en una vida descendente, enferma y quebrantada.

Si Cataluña tiene que desarrollar los valores positivos que todavía encierra, si tiene que recuperar la salud y la cordura, es necesario que el nacionalismo abandone la escena catalana lo antes posible.

dolca

 



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