Els veïns no volen idolatrar cap assassí.

Cualquier doço sabe, porque lo recordamos cada año, que Lluís Companys es el responsable del més gran genocidi de catalans de la història. Su sanguinario historial es pavoroso.
Estos días, con motivo del aniversario de su muerte, han aparecido en diversos lugares de Tarragona los mensajes que ve en las fotos. Todos junto a bustos de Companys o de sus víctimas:



Hi ha molts catalans que no s’empassen les troles dels polítics, y recuerdan lo que escucharon en su casa, la veritat que tohom sabia. ¿Por qué los políticos nacionalistas y socialistas (i des de fa 3 anys també el PP) presentan a Companys como un referente? Molt fàcil: per colar-nos la milonga Companys = república = democràcia = socialnacionalismo. Y así las víctimas de Companys y quienes lo rechazan son automáticamente antidemócratas, y los libres de nacionalismo, fatxes.
Lo cierto es que ni la república fue democrática, ni Companys un demócrata (se’n recorda del seu cop d’estat el 1934?). Pero así ellos se quedan con la legitimidad democrática, que no vendría de Franco -com va venir- sino de Companys, malgrat la devoció palesa de la majoria de catalans vers el Caudillu. Y por arte de magia -o propaganda política- quienes dieron un golpe de estado y asesinaron a decenas de miles de catalanes por sus ideas o creencias se convierten en ejemplares demócratas.
I el PP s’ho empassa, pobrets.
L’enhoradolça als veïns de Tarragona. Resistim, dolços.
Dolça i indomable Catalunya…

Categories: Resistiendo
No dudéis que si se ensalza y se pone como ejemplo a asesinos, eso es lo que vamos a cosechar; siempre con resultados tan nefastos como el de 1931-1939, que no aprendemos…
Precisamente este akelarre anual impide el uso de la razón, porque el emotivismo, el sentido de «injusticia» y «agresión» y el imponer su culto sin reflexión lo impiden automáticamente y de manera natural.
No deja sin embargo de parecerse a la Revolución Francesa, mito fundacional o por lo menos legitimador de republicanos, masones y comunistas (mito en el sentido de elegir lo que interesa y olvidar lo que no); que, con mucho culto de la razón y la filosofía que aleguen, los resultados han sido siempre horribles.
Por tanto, gracias a los que se empeñan en recordarnos lo que los corruptos políticos y los oligarcas que están detrás quieren con tanto afán que olvidemos.